Desastre en el Ártico: la extensión del hielo marino alcanza su punto más bajo en marzo

El hielo más antiguo y grueso, que una vez constituía más del 95 % de la cubierta, prácticamente ha desaparecido, dando paso a un hielo más delgado y frágil, más susceptible al calor del verano.

Aunque el hielo marino flotante no agrega volumen al océano cuando se derrite, su pérdida acelera el derretimiento de las capas de hielo terrestres.
Aunque el hielo marino flotante no agrega volumen al océano cuando se derrite, su pérdida acelera el derretimiento de las capas de hielo terrestres.

El Ártico se enfrenta a una crisis sin precedentes. El hielo marino ártico, la vasta capa de hielo marino que cubre el océano Ártico, se está reduciendo a un ritmo alarmante. Según los datos más recientes del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC), a principios de marzo de 2026, la extensión del hielo marino ártico era de aproximadamente 14,15 millones de kilómetros cuadrados.

Este valor la sitúa 1,5 millones de kilómetros cuadrados por debajo de la media histórica del período 1981-2010. Y aún estamos en marzo, el mes en el que el hielo suele alcanzar su máximo anual antes del inevitable deshielo estival.

Este déficit no es una anomalía aislada, sino parte de una tendencia decenal que ve cómo el hielo marino ártico disminuye un 2.5 % por década, batiendo récords negativos año tras año. Y en 2026 se corre el riesgo de batir muchos más récords.

El fenómeno de la amplificación del Ártico

Esta desastrosa situación es consecuencia directa del calentamiento global antropogénico. Las emisiones de gases de efecto invernadero han atrapado el calor en la atmósfera, amplificando sus efectos en el Ártico mediante un fenómeno conocido como "amplificación ártica".

En este contexto, el calentamiento se produce a un ritmo dos o tres veces superior al promedio mundial. Las temperaturas medias han aumentado más de 3 °C en las últimas décadas, acelerando el deshielo.

El hielo más antiguo y grueso, que constituía más del 95 % de la capa de hielo, prácticamente ha desaparecido, dando paso a un hielo más delgado y frágil, más susceptible al calor del verano.

Pero las consecuencias de esta pérdida no se limitan al Ártico. Se están extendiendo globalmente, afectando a los ecosistemas, las economías e incluso los patrones meteorológicos diarios, con una corriente en chorro polar cada vez más ondulada.

¿Influirá esta significativa reducción de la capa de hielo en el aumento del nivel del mar?

Si bien el hielo marino flotante no añade volumen al océano al derretirse, su pérdida acelera el derretimiento de las capas de hielo terrestres, como la de Groenlandia, que perdió 129 000 millones de toneladas de hielo en 2025.

Esta cifra es inferior al promedio anual, pero aun así contribuye significativamente al riesgo de inundaciones costeras. Ciudades como Miami, Venecia y Shanghái, podrían sufrir inundaciones más frecuentes e intensas con las primeras tormentas o ciclones, lo que amenazaría a millones de personas.

Sin embargo, una de las consecuencias más insidiosas se refiere a la circulación atmosférica. La pérdida de hielo ártico altera el equilibrio térmico del planeta, desestabilizando la corriente en chorro polar.
Sin embargo, una de las consecuencias más insidiosas se refiere a la circulación atmosférica. La pérdida de hielo ártico altera el equilibrio térmico del planeta, desestabilizando la corriente en chorro polar.

Ecológicamente, la fauna del Ártico está en grave peligro. Los osos polares, las focas y las morsas dependen del hielo para cazar, descansar y reproducirse. Con menos plataformas de hielo, estos animales se ven obligados a nadar mayores distancias, lo que aumenta el riesgo de ahogamiento y desnutrición.

Repercusiones en la circulación atmosférica

Sin embargo, una de las consecuencias más insidiosas se refiere a la circulación atmosférica. La pérdida de hielo ártico altera el equilibrio térmico del planeta, desestabilizando la corriente en chorro polar.

Normalmente, un fuerte gradiente de temperatura entre el Ártico y los trópicos mantiene la corriente en chorro estable y más zonal. Sin embargo, con la amplificación del Ártico, este gradiente se debilita, haciendo que la corriente en chorro sea más ondulada y lenta.

Las repercusiones son evidentes en los patrones climáticos extremos. Las olas de frío prolongadas invaden América del Norte, como las históricas nevadas en Texas, mientras que las olas de calor y las sequías afectan a otras regiones.

Los estudios de modelización indican que la pérdida de hielo favorece una fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte (OAN), con mayores presiones en el norte de Siberia y menores en Norteamérica, lo que provoca inviernos más húmedos en el Mediterráneo occidental e inviernos más secos en el suroeste de Estados Unidos.

Además, a escala decenal, esta alteración puede debilitar la Circulación Meridional Atlántica (CMA), provocando un enfriamiento del Atlántico Norte y un calentamiento acelerado en el hemisferio sur.