Erosión acelerda de las Dunas Chuburná dejará la región más vulnerable ante el impacto de huracanes

Las dunas de Chuburná son mucho más que un paisaje de arena frente al mar. Y su degradación podría reducir la capacidad natural de la costa yucateca para resistir el impacto de huracanes y marejadas.

Las dunas son montículos naturales de arena moldeados por el viento que protegen la costa de la erosión e inundaciones.
Las dunas son montículos naturales de arena moldeados por el viento que protegen la costa de la erosión e inundaciones.

A simple vista, las dunas de Chuburná, en la costa norte-noroeste del estado de Yucatán, puede parecer apenas una sucesión de montículos de arena frente al mar. Pero detrás de ese paisaje aparentemente frágil, se esconde una de las defensas naturales más importantes de la costa yucateca.

Además de amortiguar el impacto del oleaje y las tormentas, las dunas de Chuburná son un refugio para numerosas especies y un sitio de anidación de varias especias de tortugas marinas, varias en peligro de extinción.

Fue la reciente controversia por el desarrollo inmobiliario Las Dunas, la que volvió a poner estos ecosistemas bajo los reflectores. Pero más allá del debate ambiental, diversos estudios científicos ya han advertido que la pérdida acelerada de las dunas no solo modifica el paisaje. También podría reducir la capacidad de la costa para resistir tormentas cada vez más intensas.

El primer escudo frente al mar

Las dunas costeras son mucho más que simples acumulaciones de arena moldeadas por el viento. Funcionan como una barrera natural que absorbe parte de la energía del oleaje, limita el avance del agua durante las marejadas ciclónicas y almacena arena que luego ayuda a recuperar las playas tras el paso de una tormenta.

Chuburná Puerto alberga un valioso sistema costero de lagunas, humedales y dunas.
Chuburná Puerto alberga un valioso sistema costero de lagunas, humedales y dunas.

Cuando un ciclón tropical golpea la costa, las dunas son las primeras en recibir el impacto. Y aunque pueden erosionarse parcialmente durante el evento, esa pérdida de arena es la que ayuda a disipar la fuerza del mar antes de que alcance carreteras, viviendas, infraestructura y ecosistemas ubicados tierra adentro.

Una costa que ya no se recupera igual

En un estudio publicado en 2024, investigadores analizaron la respuesta de una playa barrera del noroeste de Yucatán entre 2015 y 2023, dentro del mismo sistema litoral donde se ubica Chuburná-Progreso. ¿Los resultados? Las playas ya erosionadas tienen una menor capacidad para recuperarse después del paso de eventos extremos.

Tras analizar 66 tormentas (2015-2023) encontraron que las playas previamente erosionadas tardaban varias veces más en recuperarse y, en algunos casos, no lograban reconstruir completamente las dunas antes de la siguiente temporada de tormentas.

Hablamos de resiliencia costera, la capacidad de una playa para recuperar naturalmente la arena que pierde durante una tormenta. Cuando la erosión es persistente y supera esa capacidad de regeneración, cada nuevo ciclón puede dejarla más deteriorada que antes.

El riesgo ya no depende solo de la intensidad del próximo ciclón, sino también del estado de la costa cuando este llegue. Algunas tormentas moderadas ayudaron a reforzar playas donde las dunas estaban bien conservadas y sanas. Mientras, en zonas ya erosionadas esos mismos eventos aceleraron la pérdida de arena.

Chuburná ya está deteriorándose

La preocupación por Chuburná tampoco surgió con el proyecto inmobiliario. Investigaciones previas sobre la costa norte de Yucatán ya habían documentado que el equilibrio natural del transporte de sedimentos puede alterarse por distintos factores, entre ellos justamente las obras costeras que modifican el movimiento de la arena a lo largo del litoral.

Algunos sectores han retrocedido por erosión, mientras otros se han mantenido estables o incluso han avanzado por la acumulación de sedimentos.
Algunos sectores han retrocedido por erosión, mientras otros se han mantenido estables o incluso han avanzado por la acumulación de sedimentos.

Cuando el flujo natural se interrumpe, algunas zonas comienzan a acumular sedimentos mientras otras experimentan un retroceso progresivo de la playa y de las dunas. Con el paso del tiempo, este proceso puede reducir el ancho y la altura de estas barreras naturales, disminuyendo su capacidad para amortiguar el impacto del oleaje extremo.

En el noroeste de Yucatán, mientras algunos sectores de playa avanzan hasta 8 metros por año por la acumulación de sedimentos, otros retroceden entre 1.5 y 7 metros anuales a lo largo de tramos de hasta 2.5 kilómetros. Esta pérdida sostenida de arena limita el crecimiento de las dunas y reduce la capacidad de la costa para recuperarse tras el paso de ciclones.

Más vulnerables, no necesariamente con más huracanes

Ya el problema no es solo que puedan formarse más huracanes, sino que la costa está perdiendo su capacidad natural para resistir sus efectos. Un ciclón de intensidad similar a otro ocurrido años atrás podría ocasionar mayores daños si impacta sobre un litoral que ha perdido parte de sus dunas y, con ellas, una de sus principales barreras naturales de protección.

En un estado como Yucatán, expuesto cada temporada a ciclones provenientes del Golfo de México y el Caribe, conservar las dunas es clave. Implica proteger una infraestructura natural que durante siglos ha reducido el impacto del mar sobre las comunidades.

Referencia de la noticia

Franklin, G.L., Medellín, G., Appendini, C.M. y colaboradores. (2021). Impact of port development on the northern Yucatan Peninsula coastline.
Medellín, G., Franklin, G.L. y Torres-Freyermuth, A. (2024). Storms can increase beach resilience on a low-energy coast in the proximity of a harbor.