Los cuerpos de Guanajuato no fueron embalsamados: la ciencia confirma que la clave está en la tierra del panteón

La mayoría de las momias de Guanajuato provienen de la epidemia de cólera que afectó a la ciudad en 1833.

El suelo en Guanajuato es distintivamente rico en minerales, particularmente nitratos y sulfatos.
El suelo en Guanajuato es distintivamente rico en minerales, particularmente nitratos y sulfatos.

Existen infinidad de rituales que dan cuenta de las creencias y tradiciones de una población en torno a la muerte. La momificación es, en este sentido, uno de los que han generado más curiosidad, asombro y espanto a lo largo del tiempo.

La historia de las momias de Guanajuato se remonta a 1860 cuando el gobierno local comenzó a exhumar cuerpos de un cementerio debido a la falta de pago de de derechos, a la falta de espacio y a la necesidad de reutilizar las tumbas.

El descubrimiento se produjo durante la exhumación de un cuerpo en el panteón de Santa Paula, donde los panteoneros se sorprendieron al encontrar un cadáver en perfecto estado de conservación por lo que dieron aviso de inmediato a las autoridades del lugar.

El primer cuerpo momificado descubierto fue el del médico francés Remigio Leroy, quien falleció en 1865.

A lo largo de los años, se fueron desenterrando más cuerpos momificados, pertenecientes a personas de diferentes edades y clases sociales. La mayoría de las momias provienen de la epidemia de cólera que afectó a la ciudad en 1833.

La ciencia detrás del proceso único de momificación de Guanajuato es una fascinante mezcla de factores ambientales. Foto INAH.
La ciencia detrás del proceso único de momificación de Guanajuato es una fascinante mezcla de factores ambientales. Foto INAH.

La y el antropólogo físico adscritos a la Dirección de Antropología Física del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Josefina Mansilla e Ilán Santiago Leboreiro, explican que en la momificación interviene una amplia gama de procesos y factores bioquímicos, geofísicos y climatológicos que interactúan de manera externa e interna en los organismos, en cuanto estos fenecen.

Dicha evasión de la descomposición puede generarse de manera natural o artificial, tanto en seres humanos como en animales. Por tanto, existen diferentes tipos de momias de acuerdo con el tratamiento que haya recibido un cuerpo al morir, o bien, por su colocación en un determinado espacio funerario.

En la cosmogonía del antiguo Egipto, el embalsamamiento estaba asociado con facilitar el tránsito de la o el difunto hacia la vida eterna. Los cuerpos momificados durante la época faraónica son los más conocidos a nivel mundial.

Las momias de Egipto son resultado de un complejo proceso de momificación para facilitar el tránsito de el difunto hacia la vida eterna.
Las momias de Egipto son resultado de un complejo proceso de momificación para facilitar el tránsito de el difunto hacia la vida eterna.

En México, el INAH, a través de la DAF, resguarda más de 100 cuerpos momificados de manera natural, de diversas cronologías y estados del país como de los estados de Baja California, Coahuila, Chihuahua, Sonora, Durango, Zacatecas, Morelos, Guanajuato, Guadalajara, Tamaulipas, Querétaro, Hidalgo, Puebla, Oaxaca, Ciudad de México, Yucatán y Chiapas.

Momias de Guanajuato

Las Momias de Guanajuato, las más conocidas mundialmente, tuvieron una momificación natural, gracias a los componentes del suelo del panteón de Santa Paula. La ciencia detrás del proceso único de momificación de Guanajuato es una fascinante mezcla de factores ambientales.

Durante décadas y aún en la actualidad investigadores han analizado y reflexionado sobre cómo estos cuerpos, enterrados en terrenos de cementerio aparentemente ordinarios, lograron escapar del proceso habitual de descomposición.

Componente geológicos y climáticos para su preservación

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha analizado la composición del suelo seco: El suelo en Guanajuato es distintivamente rico en minerales, particularmente nitratos y sulfatos. Esta mineralogía particular contribuye significativamente a un ambiente muy seco y absorbente.

Cuando un cuerpo está enterrado en tal suelo, la tierra actúa como una esponja gigante, alejando la humedad de los tejidos a un ritmo acelerado. Esta desecación es el primer paso crucial para dificultar la actividad microbiana que típicamente conduce a la descomposición.

El clima árido y de baja humedad en Guanajuato también influyó en este proceso, esta entidad está ubicada en las tierras altas centrales de México y mantiene un clima semiárido. Esto significa niveles de humedad relativamente bajos y una atmósfera generalmente seca.

Mientras que los ambientes subterráneos generalmente mantienen cierto nivel de humedad, las condiciones atmosféricas generales contribuyen a la potencia desecante del suelo. Esta baja humedad ambiente evita la rehidratación de los tejidos, solidificando aún más el proceso de momificación.

También el calor elevado influyó en su formación, ya que las temperaturas constantes de moderadas a cálidas, cuando se combinan con sequedad extrema, también pueden contribuir a la momificación mediante la evaporación rápida de fluidos.

El clima de Guanajuato asegura temperaturas que ayudan a este proceso de secado sin ser tan alto como para acelerar la descomposición de otras maneras.

La interacción de estos factores crea una especie de “horno” o “deshidratador” natural dentro de la tierra. Cuando un cuerpo se coloca en este ambiente, en lugar de ser descompuesto por bacterias y hongos que prosperan en condiciones húmedas y privadas de oxígeno, pierde lentamente sus fluidos, por lo que el proceso de preservación se presenta de manera involuntaria.