Olivos en el Ártico: cómo la Bóveda de Svalbard protege el futuro del aceite de oliva
Las semillas de olivo se han depositado en la Bóveda Global del Olivo de Svalbard, en el Ártico, lo que garantiza la preservación de este antiguo cultivo frente al cambio climático y las crisis futuras.

La noticia de que las semillas de olivo ya se almacenan en la bóveda de semillas más grande del mundo, la llamada "bóveda del fin del mundo", marca un hito en la forma en que la humanidad protege su biodiversidad agrícola y su futura seguridad alimentaria.
Así, en el remoto archipiélago noruego de Svalbard, a unos 1300 km del Polo Norte, se encuentra la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, también conocida como "Bóveda Global de Semillas" o "bóveda del fin del mundo". Se trata de un almacén subterráneo de seguridad genética diseñado para preservar duplicados de semillas agrícolas de todo el mundo.
Inaugurada en 2008, la instalación está enterrada a 120-130 metros dentro de una montaña de permafrost (suelo permanentemente congelado) y fue construida para resistir desastres naturales, conflictos armados e incluso el impacto de fenómenos extremos.
El sitio funciona como una red de copias de seguridad de las colecciones existentes en los bancos de germoplasma de los países. Cada depositante conserva la propiedad legal de su material, pero las semillas se almacenan con el fin de poder recuperarlas en caso de pérdidas en las colecciones originales.
Gracias a su ubicación y a la temperatura artificial constante de alrededor de -18 °C, sustentada por el permafrost natural, las semillas pueden conservarse durante décadas o incluso siglos.
¿Por qué es tan importante un banco global de semillas?
La agricultura mundial ha experimentado una reducción significativa de la diversidad genética a lo largo del tiempo, con la desaparición de muchas variedades tradicionales de cultivos agrícolas ante sistemas de producción más uniformes e intensivos.
Esta disminución de la diversidad pone en peligro la resiliencia de los sistemas alimentarios, especialmente ante el cambio climático, las nuevas plagas y enfermedades.

Los bancos de semillas, y en particular una reserva global como Svalbard, actúan como protección contra la pérdida accidental de variedades, ya sea por desastres naturales, guerras, fallos tecnológicos o el abandono de los bancos de genes locales.
El hito: la primera vez que un olivo entra en la bóveda
Durante los primeros meses de 2026, la Bóveda Mundial de Semillas de Svalbard recibió semillas de olivo (Olea europaea), por primera vez en su historia, un hecho que se considera un hito histórico para la conservación del patrimonio genético.
El proyecto contó con la colaboración de diversas instituciones, como el Consejo Oleícola Internacional (COI), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y varias universidades y centros de investigación españoles, como las Universidades de Córdoba y Granada y el Instituto Nacional de Investigación Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC).
Según estas organizaciones, se cree que la inclusión del olivo en el banco mundial de semillas protege uno de los cultivos más emblemáticos de la cuenca mediterránea y medio oriental, un símbolo cultural y económico profundamente arraigado en países como España, Italia, Grecia y Portugal.
El lote depositado incluye miles de semillas representativas de la diversidad genética de variedades de olivo cultivadas y silvestres, lo que garantiza que esta diversidad esté disponible como reserva de seguridad para el futuro.
Implicaciones para el futuro
La presencia de semillas de olivo en Svalbard significa que, incluso si se pierden cultivos específicos en el campo debido al cambio climático, nuevas plagas u otras crisis, habrá material de base para regenerar estas variedades.
Esto representa un paso importante no solo para la seguridad alimentaria, sino también para la preservación de las prácticas y tradiciones agrícolas vinculadas al cultivo del olivo y la producción de aceite de oliva, un producto clave en la dieta y la cultura mediterráneas.
Además, este evento destaca la importancia de las iniciativas globales de conservación genética, reforzando la necesidad de cooperación entre países e instituciones para abordar los futuros desafíos relacionados con la alimentación y la biodiversidad.