Año Internacional de la Agricultora 2026: el reconocimiento global a las mujeres que sostienen el campo
Durante años, millones de mujeres han trabajado en el campo produciendo alimentos sin el mismo mérito ni oportunidades. El Año Internacional de la Agricultora 2026 busca reconocer su trabajo.

Hablar de campo es hablar de cultivos, tractores y cosechas; incluso pensamos en precios, mercados o temporadas de siembra. Pero siempre olvidamos algo muy importante: las mujeres que trabajan todos los días produciendo alimentos. Sin embargo, su trabajo no siempre se reconoce.
Por eso el año 2026 fue declarado por la ONU como el Año Internacional de la Mujer Agricultora. La FAO, que es el organismo de Naciones Unidas encargado de temas de alimentación y agricultura, impulsa esta iniciativa en todo el mundo. Es una forma de poner sobre la mesa una realidad que ha estado ahí desde hace mucho tiempo.
Cuando se habla de agricultoras no se refiere solo a mujeres que siembran una parcela. El término incluye campesinas, pequeñas productoras, pescadoras, apicultoras, pastoras, trabajadoras agrícolas, comerciantes y también mujeres que investigan o trabajan en ciencia agrícola.
El objetivo de este Año Internacional es reconocer las dificultades que todavía enfrentan muchas mujeres en el campo. En muchas regiones ellas tienen más problemas para acceder a tierra, créditos, maquinaria, capacitación o tecnología agrícola.

Por eso 2026 quiere marcar un cambio. La FAO y otros organismos internacionales buscan que este año sirva para impulsar políticas, inversiones y programas que apoyen a las mujeres rurales. El principal objetivo es que las agricultoras tengan mejores oportunidades para producir y emprender.
Lo que hacen las agricultoras y por qué su aporte mueve al sistema alimentario
Las mujeres participan en diversas partes del sistema que produce nuestros alimentos, aunque su trabajo no es bien valorado. Ellas no solo siembran o cosechan. También seleccionan semillas, cuidan animales, transforman alimentos, los guardan y los venden en mercados locales.
Por eso las agricultoras son tan importantes para la alimentación de millones de familias. Su trabajo no se queda solo en la parcela. También está en la preparación, el almacenamiento y la venta de alimentos. En pocas palabras, ayudan a que toda la cadena alimentaria funcione, desde la producción hasta el consumo.
La FAO explica que incluso cuando mujeres y hombres trabajan parcelas del mismo tamaño, la productividad de la tierra puede ser hasta 24 % menor en explotaciones gestionadas por mujeres.
En el campo esto se ve de manera muy clara. Muchas agricultoras tienen menos acceso a maquinaria, crédito, capacitación o tecnología agrícola. Lo que significa menos posibilidades de invertir, menos herramientas para mejorar la producción y más dificultades para enfrentar problemas como plagas, sequías o cambios en el mercado.
El clima es otro factor que influye en esta realidad. Los eventos extremos, como olas de calor o sequías, pueden afectar más a las agricultoras. Se ha observado que cada día de temperaturas muy altas puede reducir hasta 3 % el valor de los cultivos producidos por mujeres en comparación con los hombres.
También existe una diferencia en los ingresos. En promedio, las mujeres que trabajan en los sistemas agroalimentarios ganan alrededor de 78 centavos por cada dólar que ganan los hombres. A esto se suma que muchas realizan tareas de cuidado en el hogar que no se pagan ni aparecen en las estadísticas, aunque también sostienen la vida rural.
Por eso fortalecer a las agricultoras es una estrategia para mejorar la producción de alimentos. Cuando las mujeres tienen más acceso a tierra, tecnología, financiamiento y capacitación, toda la agricultura se vuelve más fuerte, más productiva y más capaz de enfrentar los retos del futuro.
Lo que 2026 busca cambiar en tierra, derechos y oportunidades
El Año Internacional de la Agricultora busca algo muy claro: que las mujeres tengan las mismas oportunidades para producir, decidir e invertir. Uno de los temas más importantes es el acceso a la tierra. Cuando una mujer tiene tierra para trabajar, tiene más posibilidades de obtener crédito, invertir y mejorar su producción.

Este año también reconoce que no todas las mujeres del campo viven la misma realidad. Existen jóvenes rurales, mujeres indígenas, productoras mayores, trabajadoras agrícolas y muchas otras que participan en el sistema alimentario.
Por eso la iniciativa busca impulsar políticas, programas y apoyos que fortalezcan el trabajo de las agricultoras. Gobiernos, organizaciones, universidades, empresas y comunidades pueden participar con proyectos, capacitación o acciones que ayuden a reducir estas brechas.
La idea es sencilla: cuando una agricultora tiene más acceso a tierra, tecnología, crédito y capacitación, produce mejor y mejora la economía de su comunidad. Esto no solo beneficia a las mujeres, también fortalece la producción de alimentos.
Al final del día, el mensaje es claro. Las mujeres no son un apoyo secundario en el campo, son una parte esencial del sistema agroalimentario. El reto ahora es que ese reconocimiento se convierta en mejores oportunidades y decisiones que realmente ayuden a las agricultoras.