Cómo hacer un terrario en casa: crea tu mini jardín y aprende a cuidarlo bien desde el inicio
Crear un terrario en casa es más sencillo de lo que parece, pero su éxito depende de elegir bien el tipo, las plantas y el equilibrio de humedad y luz.

En los últimos años los terrarios han vuelto a llamar la atención de muchas personas que quieren tener plantas en casa sin necesitar mucho espacio. Son una opción práctica para quienes viven en departamentos o no tienen jardín, pero desean tener algo verde cerca. No se necesita ser experto para hacer uno.
Un terrario es un pequeño jardín dentro de un recipiente de vidrio. Puede estar abierto o cerrado, tener plantas de ambiente seco o de clima húmedo. La idea es crear un espacio donde las plantas tengan lo necesario para vivir: luz, humedad y un sustrato adecuado. No se trata solo de colocar tierra y plantas; sino de crear un equilibrio natural.
No todos los terrarios funcionan de la misma manera. Algunos están pensados para suculentas que necesitan poca agua y mucha luz, mientras que otros se asemejan a ambientes más húmedos, como los que aman los helechos. Elegir bien el tipo desde el inicio nos ahorrara dolores de cabeza.
Gran parte de su fama tiene que ver con el deseo de acercar la naturaleza al interior del hogar. Un terrario nos ayuda a crear un pequeño Edén verde sobre una mesa o en una repisa, algo sencillo pero vivo. Y cuando está bien hecho puede mantenerse durante mucho tiempo sin necesitar cuidados complicados.

Para que un terrario funcione, es necesario que exista un equilibrio entre luz, humedad, ventilación y tipo de tierra. Si uno de estos factores falla, el conjunto empieza a resentirse. Por eso el terrario es un sistema vivo que necesita atención desde el primer momento, aunque no sea difícil de mantener si se entiende cómo funciona.
Elegir el tipo de terrario y preparar la base correcta
El primer paso es decidir qué tipo de terrario quieres tener, porque no todos funcionan igual. Los terrarios abiertos son ideales para plantas que prefieren ambientes secos y con buena ventilación, como suculentas o cactus pequeños. Al estar descubiertos, permiten que el aire circule mejor y reducen el riesgo de exceso de humedad.
En cambio, los terrarios cerrados funcionan como pequeños invernaderos. Mantienen la humedad dentro del recipiente y crean un ambiente más estable. Son ideales para plantas tropicales como fittonias, musgos o helechos pequeños. En este caso, la condensación en el vidrio es normal y forma parte del equilibrio interno.
También puedes hacer terrarios más específicos, como los de suculentas, que requieren sustratos ligeros y buena iluminación, o los tropicales, que necesitan tierra con mayor retención de humedad y luz indirecta. Lo importante es no mezclar plantas con necesidades muy distintas.

Una vez definido el tipo, tenemos que preparar bien la base. Lo primero es un recipiente transparente, preferentemente de vidrio, que permita el paso adecuado de luz. Puede ser un frasco grande, una pecera pequeña o un contenedor decorativo. El tamaño debe ser acorde al crecimiento de las plantas que vas a colocar.
Después viene algo super importante: el drenaje. Aunque el recipiente no tenga orificios, debes colocar una capa de grava o piedras pequeñas para evitar que el agua se estanque en las raíces. Encima se recomienda añadir un poco de carbón activado y finalmente utilizar la tierra adecuada según el tipo de terrario.
Paso a paso para armar tu terrario y mantenerlo estable
Hacer un terrario no es complicado, pero sí requiere orden y cuidado en cada etapa. El secreto está en respetar las capas internas y no pasarse con el agua desde el principio. Si sigues estos sencillos pasos, tendrás un terrario equilibrado que puede mantenerse sano durante mucho tiempo.
- Coloca una capa de grava o piedras pequeñas en el fondo del recipiente para crear drenaje.
- Añade una capa delgada de carbón activado para mantener el sustrato más limpio y reducir malos olores.
- Incorpora el sustrato adecuado según el tipo de terrario, sin compactarlo demasiado para permitir que las raíces respiren.
- Realiza pequeñas cavidades y coloca las plantas con cuidado, ajustando la tierra suavemente alrededor.
- Aplica un riego ligero con un atomizador solo si es necesario, especialmente con moderación en terrarios cerrados.
Si tu terrario es abierto, lo mejor es usar suculentas como echeverias, haworthias o cactus pequeños, porque soportan ambientes más secos y ventilados. Si es tropical o cerrado, funcionan mejor plantas como fittonias, musgos, helechos pequeños o peperomias, que disfrutan la humedad.
Un error muy común es mezclar suculentas con plantas tropicales en el mismo recipiente. Puede verse bonito, pero una necesitará poca agua y la otra más humedad, y tarde o temprano alguna empezará a sufrir. No necesitan agua todos los días; demasiada humedad puede provocar hongos o que las raíces se pudran.
El lugar donde coloques el terrario también influye mucho. Debe estar en un sitio con buena luz, pero sin sol directo, porque el vidrio puede calentarse demasiado y dañar las plantas. Si el ambiente de tu casa es muy seco, quizá necesites pulverizar ligeramente los terrarios tropicales de vez en cuando.
Si empiezas a notar hojas amarillas, moho o gotas de agua en exceso dentro del recipiente, no entres en pánico. Lo primero es revisar la humedad y la ventilación. Muchas veces basta con ajustar un poco el riego o moverlo de lugar. Cuando el terrario está bien pensado, se vuelve un pequeño jardín de pocos cuidados.
Un terrario no es solo un frasco con plantas, es un pequeño ecosistema que necesita equilibrio. Si eliges bien el tipo, usas un sustrato adecuado y controlas la humedad desde el inicio, tendrás un mini jardín que puede durar años. No es complicado, pero sí requiere atención al detalle. Y cuando funciona, se nota.