Este árbol llegó a México hace casi 500 años y ahora amenaza a las plantas nativas
Un árbol hermoso que encontramos en las calles, los parques y diversos senderos del centro de México desde hace generaciones, aunque su historia inició a miles de kilómetros lejos del territorio nacional.

Es tan común verlo en calles, terrenos abandonados y caminos del centro de México que cuesta trabajo imaginar que el pirul (Schinus molle), no sea una especie endémica de México.
En realidad este árbol llegó desde Sudamérica hace casi cinco siglos y desde entonces se adaptó tan bien que hoy forma parte de nosotros, aunque ecológicamente sigue siendo una especie exótica.
Su historia comenzó a mediados del siglo XVI. Los registros históricos señalan que Antonio de Mendoza, primer virrey de Nueva España, fue quien introdujo esta especie desde la región andina de Perú y Bolivia, dentro del intercambio que existía entre los virreinatos.
Y no es para menos, es una especie que tenía todas las de ganar para adaptarse. El pirul resiste la sequía, los suelos pobres y los entornos muy alterados, además de crecer con relativa rapidez. Esto le permitió asentarse en áreas donde la vegetación original se eliminó por la agricultura, la ganadería o la urbanización.
Una invasión biológica que lleva años ocurriendo delante de nosotros
Pero una parte más interesante de su historia, apareció gracias a un estudio publicado en 2026, el cuál reunió registros realizados entre 2012 y 2024 y encontró que 150 especies de aves estaban relacionadas de alguna manera con el pirul: 143 nativas y siete exóticas. Ya sea que descansen en sus ramas, se alimenten de insectos, construyan nidos o coman sus frutos.
El problema radica en que esa relación posee un lado oscuro. El mismo árbol que puede brindar refugio y alimento a las aves también dificulta de plantas nativas en ciertos entornos.

Los frutos son una de las claves. En el estudio reciente, 27 especies de aves fueron observadas comiéndolos, entre ellas zanates, mirlos, palomas y el chinito o ampelis americano (Bombycilla cedrorum).
Esto ya se había estudiado en Teotihuacán desde 1991. Los investigadores encontraron que las semillas ingeridas por Bombycilla cedrorum germinaban más rápido y en mayor proporción que los frutos intactos.
Además, permanecían aproximadamente 25 minutos dentro del ave, tiempo suficiente para que esta pudiera desplazarse antes de depositarlas en otro lugar.
El pirul tampoco depende únicamente de sus semillas para competir. Experimentos con especies mexicanas encontraron que compuestos presentes en hojas, flores y frutos pueden reducir la germinación y el desarrollo de otras plantas.

Este fenómeno se conoce como alelopatía y ayuda a explicar por qué debajo de algunos pirules cuesta más trabajo que ciertas especies nativas se establezcan.
Un invasor útil para las aves: ¿Qué hacemos con él?
Aquí viene el dilema. De las 150 especies registradas, 148 utilizaron al pirul como sitio para posarse, 65 buscaron insectos entre sus ramas, 22 lo utilizaron como lugar de descanso y algunas incluso anidaron en él. En zonas urbanas o agrícolas, un pirul puede terminar siendo uno de los pocos árboles disponibles para la fauna.
Eso no significa que debamos seguir plantándolo sin pensar. En reforestaciones, jardines cercanos a áreas naturales o proyectos de restauración conviene dar prioridad a árboles y arbustos nativos adaptados a cada región.
El pirul demuestra lo complicado que puede volverse introducir una planta fuera de su región de origen. Después de casi 500 años ya forma parte del paisaje mexicano, pero eso no elimina su capacidad para desplazar vegetación nativa.
No se trata de salir a cortar cada pirul que encontremos, sino de evitar seguir expandiéndolo donde puede causar problemas y recuperar poco a poco la presencia de especies locales. Esa sería, creo yo, la parte más sensata.
Referencias de la noticia
Ramírez-Albores, J. E., Guerra-Coss, F. A., Badano, E. I.. (2026). Interacciones positivas entre un árbol invasor, el pirul, y la avifauna de México.
Corkidi, L., Cacho, S., Burquez, A.. (1991). Dispersión del pirú (Schinus molle L., Anacardiaceae) por aves en Teotihuacán, México.