Tener un huerto en casa aunque vivas en la azotea: la nueva moda en CDMX

En una ciudad donde el concreto domina el paisaje, cada vez más personas están volteando hacia arriba y descubriendo que sus azoteas pueden convertirse en espacios vivos, productivos y llenos de alimento.

La agricultura urbana no compite con el campo, lo complementa y transforma la forma en que entendemos nuestra relación con la naturaleza.
La agricultura urbana no compite con el campo, lo complementa y transforma la forma en que entendemos nuestra relación con la naturaleza.

Vivir en una ciudad como la CDMX siempre ha implicado una relación compleja con la naturaleza y durante décadas, tener un jardín o un espacio de cultivo en casa era un privilegio que solo tenían los que vivían en casas grandes, con patios amplios y zonas periféricas. Sin embargo, las situación ha cambiado.

Históricamente, las azoteas han sido espacios olvidados, pensados solo como áreas técnicas para tinacos de agua, tendederos, antenas o cuartos de servicio, rara vez se les veía como lugares habitables o funcionales más allá de lo básico pero con el tiempo, estos espacios comenzaron a tomar otro significado.

En muchas ciudades del mundo, las azoteas o techos verdes empezaron a aparecer como soluciones climáticas, sociales y alimentarias al mismo tiempo. Un techo verde es una superficie que reduce temperatura, filtra contaminantes, retiene humedad y genera microclimas.

La agricultura urbana ha evolucionado demasiado en los últimos años, ya no se trata solo de macetas improvisadas y cultivos al azar, sino de sistemas bien diseñados que consideran peso estructural, drenajes, sustratos ligeros, captación de agua, manejo de nutrientes y eficiencia en el uso del espacio.

La agricultura urbana reduce la huella de carbono al disminuir transporte, empaque y refrigeración de alimentos.
La agricultura urbana reduce la huella de carbono al disminuir transporte, empaque y refrigeración de alimentos.

Hoy existen métodos para producir alimentos en espacios reducidos sin comprometer la seguridad de las estructuras ni la funcionalidad del edificio. Cada vez más personas buscan reconectar con el origen de sus alimentos, entender de dónde viene lo que comen y recuperar una relación más directa con la tierra.

La azotea como nuevo ecosistema urbano

La azotea deja de ser un espacio muerto y se convierte en un ecosistema vivo, donde se producen alimentos, se mejora el clima interior de la vivienda y se crea una relación más consciente con la ciudad. Estos espacios empiezan a funcionar como pequeños pulmones verdes que sí hacen diferencia en la vida diaria.

Cultivos como lechuga, hierbas aromáticas, jitomate, chile, fresas, acelgas y plantas medicinales se adaptan perfecto a este tipo de sistemas.

La realidad es que la producción depende más del diseño que de los metros cuadrados. Camas elevadas, jardineras modulares, cultivo en vertical, hidroponía y macetas profundas permiten producir una cantidad muy buena de alimento en áreas pequeñas.

Aquí es donde entran proyectos que han entendido la agricultura urbana como algo serio, técnico y bien hecho. Iniciativas como Edén Agricultura Urbana han demostrado que no se trata solo de “poner macetas”, sino de diseñar sistemas productivos reales, seguros y funcionales dentro de la ciudad,

Desde huertos en casa, azoteas productivas, sistemas hidropónicos y espacios verdes urbanos, hasta capacitación, acompañamiento técnico y diseño integral, este tipo de proyectos impulsan la agricultura urbana desde una visión profesional, accesible y humana al mismo tiempo.

Algo importante que hay que mencionar es que no todas las azoteas están pensadas para cargas pesadas, por eso el diseño correcto marca la diferencia. El uso de sustratos ligeros, contenedores adecuados y sistemas modulares reduce riesgos y hace viable el cultivo urbano sin comprometer la seguridad del inmueble.

Un metro cuadrado bien diseñado en agricultura urbana puede producir más hortalizas que un metro cuadrado de cultivo tradicional mal manejado.
Un metro cuadrado bien diseñado en agricultura urbana puede producir más hortalizas que un metro cuadrado de cultivo tradicional mal manejado.

El manejo del agua también se vuelve inteligente en estos huertos. En una azotea, cada gota cuenta, por eso los sistemas diseñados integran riego por goteo, drenajes eficientes y captación de agua de lluvia. Un huerto en azotea bien hecho puede consumir menos agua que un jardín tradicional, porque el riego es localizado, preciso y controlado.

Del cultivo individual a la cultura comunitaria

Las superficies verdes reducen temperatura, mejoran la humedad ambiental y disminuyen la radiación directa sobre las viviendas. Una azotea cultivada funciona como un aislante térmico natural, lo que se traduce en interiores más frescos en temporada de calor y más estables en invierno.

También hay un efecto emocional muy fuerte, por que cuidar plantas, verlas crecer y cosechar tu propio alimento genera una conexión distinta con el lugar donde vives. El huerto se vuelve un espacio de pausa, de calma y de reconexión, algo especialmente valioso en una ciudad tan acelerada como la CDMX.

La azotea se convierte en una extensión natural del hogar, no en un espacio olvidado.

La nueva cultura del huerto en azotea responde a una ciudad saturada y a una necesidad real de espacios verdes. Ya no se piensa la vivienda solo como un lugar para dormir, sino como un espacio vivo, productivo y funcional. La azotea se convierte en una extensión natural del hogar, no en un espacio olvidado.

En la CDMX esta tendencia ya está tomando una dimensión social. Azoteas compartidas, huertos comunitarios en edificios, proyectos escolares, familias que producen parte de su alimentación y colectivos que promueven la agricultura urbana como herramienta educativa. El huerto deja de ser algo individual y se vuelve comunitario.