Día Internacional de la Energía Limpia 2026: "Energía limpia para todos y para nuestro Planeta"
La energía limpia es clave para enfrentar el cambio climático, pero encender la luz no debería ser un privilegio. Este 26 de enero recuerda por qué la transición energética debe ser justa y accesible.

Encender la luz es un gesto automático. Tan cotidiano que rara vez nos detenemos a pensarlo. Un clic y nuestro mundo se ilumina. Pero, para millones de personas, esa acción es más privilegio que certeza. Porque no, la energía no llega igual a todos los rincones del planeta.
La electricidad calienta hogares, permite conservar alimentos, mantiene hospitales funcionando, conecta escuelas y teléfonos. Sin ella, el desarrollo se vuelve frágil. Y sin embargo, durante décadas, el acceso a la energía ha estado marcado por profundas desigualdades y por un costo ambiental que hoy ya no podemos ignorar.
Producir energía también ha significado, históricamente, contaminar el aire, calentar la atmósfera y alterar los equilibrios del planeta. Más del 75 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero provienen de la quema de combustibles fósiles para obtener energía.
El mismo sistema que impulsó el crecimiento global es responsable de buena parte de la crisis climática actual. La misma energía que nos ha permitido avanzar como sociedad también nos ha llevado al límite.

Por eso, cada 26 de enero, la Organización de las Naciones Unidas conmemora el Día Internacional de la Energía Limpia, con el fin de concienciar y movilizar hacia una transición justa e inclusiva hacia la energía limpia por y para las personas y el planeta.Una fecha que invita a repensar cómo, para quién y a qué costo producimos la energía que sostiene nuestras vidas.
Energía y clima
La forma en que producimos y consumimos energía es uno de los principales motores del cambio climático. La quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) libera grandes cantidades de gases de efecto invernadero, responsables del aumento de la temperatura global, del deshielo, del incremento del nivel del mar y de la intensificación de eventos extremos.
Desde la perspectiva de la ONU, no hay metas climáticas posibles sin una transformación profunda del sistema energético. Las energías renovables —solar, eólica, geotérmica, hidráulica, marina— ofrecen una vía para reducir emisiones y, al mismo tiempo, construir sistemas más resilientes y descentralizados.
La transición energética no es opción estética ni moda tecnológica, es una condición necesaria para la estabilidad del planeta. Si queremos limitar el cambio climático, debemos evitar depender tanto de los combustibles fósiles e invertir más en fuentes de energía alternativas más limpias, accesibles, asequibles económicamente, sostenibles y confiables.
Mucho más que tecnología
Cuando hablamos de energía limpia, solemos pensar en paneles solares, turbinas eólicas o grandes presas hidroeléctricas. Y sí, esas tecnologías son parte fundamental de la transición. Pero para la ONU, la energía limpia va más allá: es una herramienta de justicia social.
Sin energía no hay salud, educación, agua potable ni oportunidades económicas. Allí donde no llega la electricidad, se multiplican las brechas. Más de 186 millones de niños en el mundo estudian en escuelas sin electricidad. En África, solo tres de cada diez escuelas primarias cuentan con energía eléctrica. Allí, los paneles solares se han convertido en una solución clave.

Garantizar energía limpia para todos no es solo reducir emisiones, también es asegurar que nadie quede fuera de la transición energética. Y
se percibe que el mundo está cambiando, sí... pero no lo
suficientemente rápido. Según la ONU, la revolución de las energías
renovables no avanza a una velocidad suficiente ni llega tan lejos como
debería.
Transición justa: el desafío humano
Pero cambiar la matriz energética no es solo una cuestión de infraestructura. Implica decisiones económicas, sociales y culturales. Se requieren políticas pro-renovables que no dañen ni a las personas ni a la naturaleza, redes eléctricas más modernas, interconectadas y con mayor capacidad de almacenamiento, y una industria capaz de diversificar sus cadenas de suministro.
Pero lo más importante es que la transición debe ser justa, y considerar a las personas y territorios que hoy dependen de los combustibles fósiles para subsistir. Cerrar una mina, transformar una refinería o reconvertir una región energética requiere planificación, inversión y acompañamiento social. .
Sin una transición justa, el riesgo es sustituir una crisis ambiental por una crisis social. La energía limpia, entonces, no se trata únicamente de producir distinto, sino de transitar mejor.
Energía para hoy, planeta para mañana
El bienestar humano y la salud de la Tierra no son objetivos opuestos. Son, en realidad, dos caras de la misma moneda.
Pensar la energía como un derecho implica asumir una responsabilidad colectiva. Cada kilowatt generado de forma limpia, cada comunidad que accede por primera vez a electricidad sostenible, cada sistema que reduce su huella ambiental es un paso hacia un futuro más equitativo.
Tal vez encender la luz siga siendo un gesto automático. Pero entender de dónde viene esa energía, a quién llega y qué deja a su paso, ya no puede serlo. Porque en esa elección tan cotidiana también nos estamos jugando el planeta que heredamos.
Referencia de la noticia
Día Internacional de la Energía Limpia, enero 2026, Organización de las Naciones Unidas (ONU)