Calendario astronómico de enero: el cielo de invierno se llena de gigantes, lunas y estrellas fugaces
Enero abre el año con espectáculos astronómicos memorables, como Júpiter en oposición, una superluna brillante, lluvias de estrellas desafiantes y constelaciones clásicas dominando las noches y los cielos mexicanos.

Júpiter se convierte en el protagonista del cielo el 10 de enero de 2026, cuando se encuentre en oposción al Sol, lo que permite observarlo durante toda la noche. En México aparecerá tras el atardecer, culmina cerca de la medianoche y se oculta al amanecer con brillo excepcional.
Durante las noches del 9 y 10 de enero, Júpiter alcanzara su máximo esplendor y podremos distinguir fácilmente con binoculares las cuatro lunas galileanas, alineadas y cambiantes. Con telescopios pequeños apreciaremos sus bandas nubosas.
Un espectáculo más sutil pero igualmente elegante será el que ofrezca Saturno en las noches del 22 y 23 de enero, la Luna creciente se aproxima visualmente al planeta, formando una pareja dorada en el cielo del suroeste. Un encuentro ideal para binoculares y fotografía astronómica sencilla.
Muy cerca de Saturno se localizará Neptuno, visible únicamente con ayuda óptica. Aunque tenue, su observación tiene un fuerte valor didáctico: marca el límite observable del sistema solar para la astronomía amateur ya que detectarlo requiere paciencia, cielos oscuros y mapas estelares precisos.

A lo largo del mes, Júpiter forma figuras reconocibles con estrellas brillantes como Sirius y el cinturón de Orión. Estas alineaciones funcionan como mapas naturales del cielo invernal, seguirlas convierte la observación en una experiencia intuitiva que combina orientación, ciencia y asombro.
Fases lunares: el pulso constante del cielo
El 3 de enero de 2026 ocurre la Luna llena a las 04:03 horas, tiempo del centro de México y coincidirá con una superluna, que es cuando el satélite se encuentra cerca del perigeo. Su tamaño aparente y brillo destacan especialmente al salir por el horizonte.
La Luna nueva tiene lugar el 18 de enero a las 13:52 horas, la ausencia de luz lunar genera condiciones ideales para observar nebulosas y galaxias. Objetos como Orión o Andrómeda se vuelven más evidentes incluso con instrumentos modestos desde zonas suburbanas.
Las fases intermedias también ofrecen encuentros llamativos. Entre el 22 y 23 de enero, la Luna creciente acompaña a Saturno y Neptuno. Más adelante, el 27 de enero, se aproximará visualmente al cúmulo de las Pléyades, creando una escena atractiva para unos buenos binoculares.
Enero concluye con la Luna en fase gibosa, acompañando nuevamente a Júpiter en el cielo nocturno. Esta repetición cíclica recuerda que la Luna es nuestro reloj astronómico más antiguo, por lo que seguir sus fases nos permite comprender el tiempo como un fenómeno celeste y observable.
Lluvias de estrellas: chispas en el frío invernal
Las Quadrántidas inauguran el año con una de las lluvias de estrellas más intensas. Su máximo ocurre la noche del 3 al 4 de enero, aunque la superluna reduce notablemente el número visible de meteoros, aun así, los más brillantes logran imponerse al resplandor lunar.
El mejor momento para observarlas es antes del amanecer del 4 de enero, cuando el radiante se eleva hacia el norte, aunque la tasa observable disminuye, cada meteoro visible se vuelve especial. La observación exige paciencia, abrigo y cielos despejados.

Las Quadrántidas tienen un origen poco común ya que provienen de los restos de un antiguo asteroide, no de un cometa activo. Esto produce meteoros densos y veloces, que generan destellos intensos y estelas breves, como chispas compactas encendiéndose en la atmósfera terrestre.
Más allá de las cifras, observar estrellas fugaces conecta con una tradición humana milenaria. Durante siglos, estos destellos han inspirado relatos y deseos. En una noche fría de enero, levantar la vista y esperar un meteoro es un gesto sencillo de conexión cósmica.
Constelaciones: mapas antiguos del cielo moderno
Orión domina el cielo invernal durante enero, visible desde el anochecer hasta altas horas de la madrugada. Su cinturón de tres estrellas sirve como referencia universal, desde donde localizamos fácilmente otras regiones ricas del cielo, como la nebulosa de Orión y estrellas brillantes cercanas.
Sirius, la estrella más brillante del cielo nocturno, alcanza gran altura a inicios de enero. El 1 de enero culmina poco después de medianoche, formando junto a Orión y Júpiter un triángulo llamativo. Esta configuración ha guiado a navegantes y observadores durante siglos.
El 27 de enero, la Luna se acerca a las Pléyades, un cúmulo estelar visible a simple vista como una pequeña nube. Con prismáticos se revelan decenas de estrellas jóvenes. Este grupo ha sido clave en calendarios agrícolas y tradiciones culturales de muchas civilizaciones.
Durante todo el mes, estas constelaciones funcionan como un atlas celeste vivo. Seguirlas enseña a orientarse en el cielo nocturno con confianza. Cada estrella es una historia y cada figura conecta la mitología antigua con la astronomía moderna y observacional.adobe