Conoce los impresionantes observatorios prehispánicos de México que aún miran al cielo

Sumérgete en un viaje milenario por la astronomía de México con antiguos centros ceremoniales y pirámides majestuosas que actúan como relojes cósmicos, marcando el ritmo de la cosmogonía mesoamericana.

El caracol es uno de los edificios emblemáticos de la cultura mesoamericana al ser un templo dedicado a la observación astronómica.
El caracol es uno de los edificios emblemáticos de la cultura mesoamericana al ser un templo dedicado a la observación astronómica.

Desde tiempos inmemoriales, la observación del cielo se ha alimentado de la curiosidad humana. Gracias a la incertidumbre que nos causa la bóveda celeste y nuestra perspicacia, pudimos plantear las primeras explicaciones racionales acerca de nuestro entorno cósmico.

Sin duda alguna, la astronomía fue un pilar fundamental en la cultura mesoamericana, siendo tan relevante que la podemos reconocer actualmente en vestigios como cerámica, estelas, pintura mural y códices. Elementos que revelan una práctica desarrollada para observar los astros con mucho rigor y precisión.

El desarrollo de sistemas calendáricos permitió el funcionamiento ordenado de la sociedad y desde el periodo formativo temprano se establecieron bases que regirían por muchos milenios. El calendario se consideró tan sagrado que fue identificado como una dádiva divina eterna.

El Sol, siendo el astro más brillante y fácil de observar, fue reconocido como La Deidad Primordial, dador de luz y calor vital. Para los mexicas, el Señor Tonatiuh era (entre otros seignificados), aquel que va calentando e iluminando el mundo entero.

La traza de los edificios de la ciudad zapoteca de Monte Albán, se alinea con el paisaje y el Sol.
La traza de los edificios de la ciudad zapoteca de Monte Albán, se alinea con el paisaje y el Sol.

Venus, conocido como la gran estrella, poseía una excepcional relevancia espiritual, principalmente para los mayas, quienes registraron su periodo sinódico de quinientos ochenta y cuatro días y sus ciclos se vincularon a deidades peligrosas que atacaban a personajes y animales terrestres.

Piedra y cielo en armonía

El movimiento de los astros introdujo un ordenamiento especial en el paisaje, lo que sirvió para fundar, trazar y orientar estructuras arquitectónicas y ciudades completas en alineaciones que buscaban armonizar la obra humana con el transcurrir del tiempo sagrado y eterno.

Un ejemplo admirable es el edificio circular de El Caracol, en Chichén Itzá en el que sus aberturas coincidían con efemérides del Sol, la Luna y Venus. Los cuatro vanos de acceso y sus ventanas superiores marcaban momentos astronómicos vitales del horizonte.

La gran pirámide de Cholula, la más voluminosa del mundo, muestra una precisión asombrosa al estar alineada exactamente con la puesta solar durante el solsticio de verano. Incluso las calles actuales y antiguas de Cholula preservan esta orientación astronómica ancestral.

Los observadores prehispánicos construyeron cámaras oscuras en cuevas naturales, como en Xochicalco o Monte Albán, donde los recintos permitían precisar los días en que los rayos solares inciden verticalmente sobre la tierra, marcando el paso cenital solar y marcando fechas de gran relevancia.

Hierofanías y el ritmo solar

Ciertos edificios presentan hierofanías o manifestaciones sagradas mediante espectaculares juegos de luz y sombra. En El Castillo de Chichén Itzá, nueve cuerpos proyectan su sombra sobre la escalinata, formando el cuerpo luminoso de una serpiente que desciende majestuosamente cada equinoccio.

La Pirámide del Sol de Teotihuacan define la traza urbana junto a la Calzada de los Muertos. Su eje señala el ocaso solar los días 29 de abril y 13 de agosto, fechas que dividen el año solar según ciclos calendáricos mesoamericanos esenciales.

Una de las pirámides más grandes del mundo, es también un símbolo prehispánico dedicado al Sol.
Una de las pirámides más grandes del mundo, es también un símbolo prehispánico dedicado al Sol.

El Templo Mayor de Tenochtitlan servía como un impresionante reloj cósmico para los antiguos mexicas. Su orientación conmemora la importancia del sistema calendárico y se alinea al Sol, señalando la puesta solar, los días 9 y 2 de septiembre.

Existen muchos otros ejemplos de esta familia de alineaciones solares en México como la Pirámide de los Nichos en El Tajín y el Templo Calendárico en Tlatelolco siguen estos principios demostrando la extensión geográfica y temporal de la práctica astronómica de nuestros antepasados.

El cosmos en la mirada zapoteca

La región zapoteca en Oaxaca alberga una tercera familia de alineaciones calendárico-astronómicas únicas. El Edificio Enjoyado de Monte Albán se asocia con Teotihuacán por su arquitectura y su alineación solar que sucede en las madrugadas del 25 de febrero y 17 de octubre.

El observatorio cenital del Edificio P en Monte Albán es excepcional ya que posee una cámara oscura que permite la entrada de rayos solares en fechas específicas, las cuales ocurren simétricamente respecto al solsticio de verano, separadas por 65 días exactos.

Sacerdotes-astrónomos idearon una manera sui géneris de asociar cada edificio a un valor ritual complementario en los que la sintonía de la arquitectura con el tiempo formaba parte de un discurso ceremonial profundo, buscando venerar a dioses que velaban por el orden celeste.

Hoy, la astronomía moderna amplía nuestra perspectiva en un universo cada vez más sorprendente en el que los vestigios culturales recuperan la esencia de lo que somos, buscando en el cielo ecos lejanos de un pasado ancestral que nos otorga una identidad cultural única.

Referencias de la nota:

La astronomía prehispánica en México. 2006. Jesús Galindo Trejo.

Las marcas del Sol sobre edificios prehispánicos hicieron visible el tiempo y el momento de sembrar. 24 de marzo de 2020. Secretaría de Cultura.