Satélites o estrellas: qué pasaría si el cielo nocturno se llenara de basura espacial y dejáramos de ver el Cosmos
Un estudio del ESO advierte que las megaconstelaciones de satélites podrían comprometer la astronomía desde tierra. El límite propuesto es de 100,000 satélites tenues, frente a los casi 2 millones previstos para los próximos años.

El cielo nocturno se está poblando cada vez más de satélites artificiales. Los situados en órbita terrestre baja proporcionarán conectividad global, actuando como verdaderas estaciones base flotantes de 5G/6G, así como servicios digitales y nueva infraestructura espacial. Pero, ¿a qué coste para la astronomía? No obstante, el problema afecta a algo más que a los astrónomos profesionales.
El cielo nocturno forma también parte del patrimonio cultural, educativo y medioambiental de la humanidad; durante milenios, ha sido nuestra ventana al Universo.
Un cielo cada vez más saturado
Según un estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO), actualmente existen unos 14,000 satélites de telecomunicaciones orbitando la Tierra. Sin embargo, las previsiones sugieren que, con las constelaciones de satélites, como Starlink, ¡esta cifra podría alcanzar los 2 millones en cuestión de pocos años!
Los satélites aparecen como puntos brillantes en el cielo nocturno porque reflejan la luz solar hacia la Tierra. En las imágenes astronómicas, especialmente en las de larga exposición, el paso de un satélite deja un rastro que atraviesa el campo de visión, contaminando los datos científicos.
El astrónomo del ESO Olivier Hainaut señala que, aunque los satélites individuales sean tenues, su gran número puede generar una molestia persistente. No solo producen estelas en las imágenes astronómicas, sino que también contribuyen a aumentar el brillo difuso del cielo, afectando directamente a la capacidad de los telescopios para observar galaxias tenues, asteroides, supernovas y fenómenos transitorios.
Astrónomos proponen limitar el número de satélites a 100,000
Esta cifra representa un orden de magnitud más que un recuento exacto. Mantenerse por debajo de la marca de los 100.000 permitiría gestionar su impacto en las imágenes astronómicas; pero superar ese límite tendría un impacto negativo decisivo en nuestra capacidad para observar el universo.
Se trata de una solución de compromiso, ya que 100,000 son demasiados, pero llegar a 1 o 2 millones supondría el fin de la astronomía observacional desde tierra.

Sin embargo, no solo se están desarrollando grandes constelaciones de satélites de telecomunicaciones; también se planean constelaciones de espejos en órbita.
El objetivo de estas últimas es reflejar la luz solar hacia zonas de la Tierra durante las horas de oscuridad. Una flota de 50,000 espejos altamente reflectantes podría aumentar el brillo del cielo entre un 200 % y un 300 %, haciéndolo hasta tres veces más luminoso de lo que es naturalmente.
El potencial de telescopios como el Observatorio Vera C. Rubin, diseñado para cartografiar continuamente el cielo nocturno mediante fotografía en busca de objetos como asteroides que podrían representar una amenaza para la Tierra, se vería mermado, lo que causaría un grave perjuicio a la sociedad en su conjunto.
Una cuestión científica, medioambiental y cultural
Este debate no se limita a los astrónomos profesionales. El cielo nocturno es también un patrimonio cultural, educativo y medioambiental. Cientos de miles de puntos de luz en movimiento alterarían la experiencia de observar las estrellas a simple vista, dificultando la distinción entre estrellas, planetas y satélites.

Existen soluciones para mitigar el impacto negativo. Entre ellas se incluyen recubrir los satélites con materiales de baja reflectividad, orientarlos para evitar que reflejen luz hacia la Tierra y utilizar software para calcular sus órbitas y así planificar las observaciones astronómicas desde tierra. Sin embargo, todas estas soluciones pierden su eficacia cuando se trata de millones de satélites.
La órbita terrestre baja, la región donde operarían estos satélites, es un recurso compartido de gran valor, no un espacio vacío destinado a ser colonizado por quien llegue primero.
Es un espacio esencial para las comunicaciones, la observación planetaria y la investigación científica. Limitar el número de satélites supone una forma de progreso controlado y regulado; una cuestión que los responsables de formular políticas deben abordar.
A medida que el cielo nocturno se vuelve excesivamente luminoso, saturado y abarrotado, corremos el riesgo de perder una de las capacidades más antiguas y poderosas de la humanidad: la facultad de contemplar el Universo y comprenderlo.
Referencia de la noticia
Hainaut O.R.. (2026). Large or bright satellite constellations: Effects on observations, including on the background sky brightness.
European Southern Observatory. (2026). Oltre il limite": un milione di satelliti e specchi nello spazio rappresentano una grave minaccia per il cielo notturno.