Amenaza climática para los polinizadores: por qué el derretimiento glaciar incrementa enfermedades en las abejas

El derretimiento de los glaciares no solo transforma paisajes, también cambia las flores que visitan las abejas y podría facilitar la propagación de virus y parásitos, amenazando a estos polinizadores, esenciales para nuestros ecosistemas y desarrollo agrícola.

Cuando las poblaciones de abejas disminuyen, las consecuencias pueden extenderse a otras especies.
Cuando las poblaciones de abejas disminuyen, las consecuencias pueden extenderse a otras especies.

El retroceso acelerado de los glaciares no sólo transforma el paisaje y reduce las reservas de agua dulce. También alerta silenciosamente las relaciones entre plantas, insectos y microorganismos. Una investigación advierte que estos cambios podrían facilitar la propagación de enfermedades entre las abejas melíferas y silvestres.

El estudio se publicó en la revista científica Oikos y la investigación se realizó en los Alpes suizos. Los investigadores analizaron poblaciones de abejas alrededor del glaciar Mont Miné, ubicado en el valle de Hérens.

Las abejas son esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas. Transportan polen entre las flores, permitiendo la reproducción de las plantas.

Cuando un glaciar se derrite y retrocede, deja expuesta la superficie de roca y suelo que comienza a ser colonizado por diferentes especies vegetales. Primero aparecen las llamadas plantas pioneras y, con el paso de los años, la vegetación se vuelve más abundante y compleja.

Una abeja infectada deposita un virus o parásito y el siguiente insecto que visita la flor puede contraerlo

Esta transformación modifica la disponibilidad y la distribución de las flores utilizadas por los polinizadores. Normalmente, las abejas melíferas y silvestres tienden a visitar diferentes especies vegetales. Esa separación natural disminuye las posibilidades de que compartan enfermedades.

El sostenido aumento de la temperatura global ha provocado una reducción en las capas congeladas del planeta. En los últimos 30 años el deshielo se ha multiplicado por 6.
El sostenido aumento de la temperatura global ha provocado una reducción en las capas congeladas del planeta. En los últimos 30 años el deshielo se ha multiplicado por 6.

Sin embargo, a medida que cambian las comunidades vegetales y desaparecen algunos recursos florales, distintas especies de abejas podrían verse obligadas a alimentarse en las mismas flores. Estos puntos de encuentro pueden convertirse en estaciones involuntarias de transmisión de enfermedades.

Durante dos veranos, los investigadores capturaron 335 abejas pertenecientes a 36 especies. De ellas, 230 eran abejas silvestres y 105, abejas melíferas. Los ejemplares fueron examinados para detectar tres virus y dos parásitos.

Los resultados mostraron que las abejas melíferas portaban los cinco patógenos estudiados, mientras que en las silvestres solamente fueron identificados dos. Entre ellos se encontraba el virus de las alas deformadas, una enfermedad asociada principalmente con las colmenas manejadas y con el ácaro Varroa, uno de sus principales transmisores.

En las zonas libres de hielo, los investigadores observaron una marcada separación entre las comunidades de patógenos de ambos grupos. No obstante, en las áreas más antiguas, donde la vegetación ya había experimentado mayores transmisiones, la presencia de virus de las alas deformadas aumentó significativamente entre las abejas.

Las abejas cumplen una función indispensable al transportar polen entre las flores, permitiendo la reproducción de numerosas plantas silvestres.
Las abejas cumplen una función indispensable al transportar polen entre las flores, permitiendo la reproducción de numerosas plantas silvestres.

Los análisis genéticos también revelaron una diferencia importante: las abejas silvestres portaban la variante DWV-A, mientras que las melíferas tenían la DWV-B. Esto indica que, por ahora, no existe una transferencia generalizada entre ambos grupos en el área estudiada. Aún así, los científicos alertaron que la progresiva modificación de la vegetación podría aumentar el contacto y elevar el riesgo de transmisión en el futuro.

Las abejas cumplen una función indispensable al transportar polen entre las flores, permitiendo la reproducción de numerosas plantas silvestres y cultivos alimentarios. Cuando sus poblaciones disminuyen, las consecuencias pueden extenderse a otras especies, afectar la producción agrícola y reducir la diversidad de los ecosistemas.

Los autores aclaran que los resultados deben reproducirse en otras regiones glaciares y bajo diferentes densidades de abejas. El hallazgo, sin embargo, expone una dimensión poco visible del cambio climático. También se reorganizan las redes ecológicas y pueden abrirse nuevas rutas para la propagación de enfermedades entre polinizadores.

Referencia de la noticia

Andrea Ferrari, Giovanni Cilia, Matteo Conti, Bao Ngan Tu, Nora Khelidj, Gianalberto Losapio, Carlo Polidori. Unshared on the top: strong segregation of pathogen communities between western honey bees and wild bees in a retreating glacier foreland.