El aire acondicionado de tu piel: por qué sudar es la clave para que tu cerebro no se sobrecaliente
El sudor es el mecanismo de defensa primario del organismo para prevenir emergencias médicas graves, como el golpe de calor.

¿Sabías que los seres humanos poseemos un “superpoder” térmico que compartimos con muy pocos mamíferos? Salvo por los caballos. Aunque la mayoría de los animales de cuatro patas nos superan en velocidad punta, la evolución nos dotó de un sistema de resistencia, la capacidad de sudar para enfriarnos.
Sin este sofisticado mecanismo de refrigeración biológica, la maratón moderna o las jornadas de caza en la prehistoria habrían sido imposibles. Sin embargo, no solo el ejercicio intenso detona la transpiración; subir escaleras, el calor ambiental, los nervios, el miedo o incluso el reposo nocturno pueden activar nuestras glándulas sudoríparas.
Aunque suele asociarse con una sensación incómoda, el sudor es el mecanismo de defensa primario del organismo para prevenir emergencias médicas graves, como el golpe de calor.
Termorregulación, sudar es el aire acondicionado de nuestro cuerpo
El cuerpo humano mantiene una temperatura interna óptima de aproximadamente 37 grados Centígrados. Cuando este indicador sube debido al clima, la actividad física o la fiebre, el cerebro entra en acción. El hipotálamo detecta el incremento de temperatura y envía una orden inmediata a las glándulas sudoríparas ecrinas, distribuidas por toda la piel.
La física del enfriamiento: El sudor por sí solo no enfría el cuerpo al gotear. La magia ocurre mediante el calor de vaporización: el exceso de calor corporal se utiliza como energía para transformar el sudor líquido en vapor. Al evaporarse de la piel, la temperatura interna desciende.

A diferencia de especies como los perros, que dependen del jadeo para liberar calor (un método mucho menos eficiente), los humanos contamos con un sistema de enfriamiento distribuido por toda la superficie corporal.
Aunque la física explica con claridad cómo nos enfriamos en un día caluroso, queda una pregunta por resolver: ¿por qué el cuerpo puede activar el sudor cuando no tenemos calor, sino estrés, miedo o dolor?
Se trata de la "sudoración emocional" no es lo mismo que el sudor refrescante. Ocurre por una razón diferente y está asociada principalmente a un tipo de glándula sudorípara completamente distinta.
Sudor emocional
Ante situaciones estresantes, aterradoras, que provocan nerviosismo o ansiedad, independientemente de la temperatura corporal, el cuerpo activa la llamada respuesta de «lucha o huida». Entre otras cosas, esta respuesta estimula un segundo tipo de glándula sudorípara: las glándulas sudoríparas apocrinas.
Si bien las glándulas sudoríparas ecrinas también se activan en cierta medida (de ahí el sudor en las palmas de las manos), lo que más molesta es el sudor en las axilas, y esto se debe a las glándulas apocrinas.
A diferencia de las glándulas sudoríparas ecrinas, que se encuentran por todo el cuerpo y producen un sudor compuesto principalmente de agua y sales, las glándulas sudoríparas apocrinas se localizan en las axilas y la ingle, y producen un sudor más espeso y graso.
Y te puedes preguntar, ¿por qué es importante esto? Porque es lo que le da a las axilas ese olor característico que se percibe al olvidar usar desodorante. Cabe aclarar que el sudor liberado por las glándulas apocrinas no tiene olor propio.
¿Por qué sudamos cuando estamos estresados? Esto se debe a la respuesta instintiva de lucha o huida que nuestros ancestros utilizaban para afrontar las diversas amenazas a su supervivencia.
Esta respuesta se caracteriza por la liberación de adrenalina y otras hormonas del estrés, lo que a su vez acelera el ritmo cardíaco y respiratorio aumentando el flujo sanguíneo y la tensión muscular. Prepara al cuerpo para la acción, pero esta descarga de adrenalina también activa las glándulas apocrinas, lo que provoca sudoración.