El jaguar crece 10 % en México: la UNAM confirma 5,326 ejemplares en 16 estados

En las selvas mexicanas, el jaguar vuelve a dejar huella. Su población creció y alcanzó más de 5,000 ejemplares en 16 estados. Pero este aumento no significa que el peligro haya desaparecido.

El jaguar ocupa solo el 40 % de su distribución histórica en México.
El jaguar ocupa solo el 40 % de su distribución histórica en México.

Mucho antes de ser una especie amenazada, el jaguar fue presencia sagrada. En las culturas mesoamericanas, como la olmeca, la maya y la mexica, simbolizaba poder, fertilidad, noche y vínculo con el inframundo. Hoy ese mismo depredador emblemático de las selvas tropicales mexicanas es también reflejo de salud ecológica.

En 2024, el Tercer Censo Nacional del Jaguar confirmó que la población estimada de esta especie en el país alcanza los 5,326 ejemplares, lo que representa un incremento del 10 % respecto al 2018.

Durante décadas, hablar del jaguar en México fue hablar de pérdida, de territorio reducido y persecución, de silencios donde antes había rugido. Por años ha sido símbolo de fuerza, sí, pero también de una vulnerabilidad persistente.

Hoy, el felino más grande de América está presente en 16 estados de México. Para 2024, las regiones con mayor número de ejemplares fueron la Península de Yucatán (1,699) y el Pacífico sur (1,541), seguidas por el noreste y centro del país (813), el Pacífico norte (733) y la costa del Pacífico central (540).

Aunque estas cifras reflejan el impacto de las acciones de conservación implementadas en las últimas décadas, 5,300 individuos siguen siendo pocos para un territorio tan extenso como el mexicano. Más aún si se considera que a principios del siglo XX se estimaban entre 20,000 y 25,000 ejemplares en México.

El futuro del jaguar está estrechamente ligado a las acciones que emprendamos como sociedad. Imagen tomada del perfil oficial de Facebook de la ANCJ.
El futuro del jaguar está estrechamente ligado a las acciones que emprendamos como sociedad. Imagen tomada del perfil oficial de Facebook de la ANCJ.

En un país donde el territorio ha sido transformado intensamente por la agricultura, la urbanización y la infraestructura, que el jaguar aún exista, e incluso haya mostrado un crecimiento poblacional, representa una señal de resistencia ecológica. Pero crecer no es lo mismo que estar a salvo.

De cifras y censos

En 2024, la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar (ANCJ) llevó a cabo el Tercer Censo Nacional del Jaguar en México. ¿El objetivo? Conocer el estado de sus poblaciones y fortalecer las estrategias de preservación. Y para ello, la UNAM y 30 instituciones más realizaron un censo en cinco regiones de 16 estados, mostrando el aumento de 4,800 a 5,326 felinos en seis años.

La UNAM y 30 instituciones más realizaron un censo en cinco regiones de 16 estados, mostrando el aumento de 4,800 a 5,326 felinos en seis años.

El monitoreo se realizó mediante cámaras trampa colocadas estratégicamente en áreas prioritarias. Cada jaguar posee un patrón único de manchas, como una huella digital, que permite identificar individuos a partir de fotografías y aplicar modelos de captura-recaptura para estimar el tamaño poblacional.

En total, se muestrearon 4,140 km² distribuidos en 23 sitios ubicados en Sonora, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Morelos, Hidalgo, San Luis Potosí, Nuevo León y Tamaulipas. Un esfuerzo nacional que fue posible gracias al trabajo coordinado entre expertos y comunidades locales.

Sosteniendo el equilibrio

El jaguar no es solo un símbolo cultural en México. Es un depredador tope, o sea, está en la cima de la cadena alimentaria. Eso significa que regula poblaciones de otras especies y ayuda a mantener el equilibrio ecológico de los ecosistemas donde habita. Por tanto, su presencia suele indicar que la estructura ecológica aún conserva cierto grado de integridad.

Cuando el jaguar desaparece, algo profundo se desajusta. Sin el depredador en la cima, las consecuencias se “propagan hacia abajo”. Existe evidencia científica de que estos cambios pueden reconfigurar paisajes completos, afectando el comportamiento de otras especies y la regulación de poblaciones. Además, muchas veces es señal de que el sistema ya está profundamente fragmentado.

En ecología de la conservación, una especie sombrilla es aquella cuya protección implica resguardar un territorio amplio y en buenas condiciones, beneficiando indirectamente a muchas otras especies que comparten ese hábitat.

Por eso se le considera también una especie sombrilla. Protegerlo implica proteger grandes extensiones de selva, bosque y manglar que benefician a muchas otras formas de vida. Sin embargo, pese a los esfuerzos y al aumento poblacional, las amenazas persisten.

Crecer en territorio fragmentado

Aunque la tendencia es positiva, el jaguar sigue catalogado como especie en peligro de extinción en México. Persisten amenazas como la pérdida y la fragmentación del hábitat por la expansión agropecuaria, el desarrollo urbano y la infraestructura, unidas al conflicto con ganaderos, la caza ilegal y la ruptura de corredores biológicos que permiten el flujo genético entre poblaciones.

Un incremento del 10 % no significa que el riesgo haya desaparecido. Significa que, bajo determinadas condiciones, la conservación funciona. Pero esas condiciones deben mantenerse. El desafío no va solo de contar más jaguares, sino de asegurar que puedan desplazarse, reproducirse y mantener poblaciones viables en el tiempo.

Un rugido que aún depende de nosotros

La conservación no es un acto único ni una campaña aislada. Es un proceso continuo que exige recursos, monitoreo y voluntad política. En México, líder mundial en la conservación del jaguar, se ha adoptado una estrategia integral que combina protección del hábitat, monitoreo científico, fortalecimiento del marco legal y participación social.

Esto incluye la identificación y protección de corredores biológicos y áreas prioritarias para garantizar la conectividad y viabilidad a largo plazo de las poblaciones. Además, se contemplan censos periódicos, protocolos técnicos y éticos para su manejo y acciones para promover buenas prácticas ganaderas y reducir los impactos de la infraestructura vial y urbana en zonas clave.

En este contexto, la UNAM ha desempeñado un papel clave al sustentar, con ciencia, las políticas de conservación. No solo ha permitido estimar el tamaño poblacional, sino identificar regiones prioritarias y corredores biológicos. Esta información ha respaldado la creación de nuevas áreas protegidas y orientado el diseño de protocolos de manejo y estrategias contra el tráfico ilegal.

El crecimiento poblacional del jaguar muestra que la ciencia aplicada, cuando se sostiene en el tiempo, puede modificar trayectorias. Pero también nos recuerda que estos logros son frágiles si persisten las presiones sobre el territorio. La verdadera prueba no será el próximo censo, sino nuestra capacidad de sostener las decisiones que hoy permiten que el jaguar siga caminando.

Referencias de la noticia

Creció 10 % la población de jaguares en México. 27 de octubre de 2025. Daniel Francisco. Gaceta UNAM.