El primer estudio de Lancet Countdown sobre el cambio climático alerta: está asfixiando y enfermando a las ciudades
El primer informe acaba de poner datos científicos sobre la mesa y lanza un mensaje claro: los riesgos para la salud crecen más rápido que la respuesta que se da.

Durante años hemos hablado del cambio climático como un problema ambiental. Pero la realidad que el cambio climático está afectando a nuestra salud, especialmente en las ciudades. El primer informe de Lancet Countdown sobre Salud y Cambio Climático en las Ciudades de Europa pone cifras a una situación que cada verano resulta más evidente.
Detrás hay decenas de investigadores, universidades y organismos internacionales que analizan indicadores comparables en el tiempo para entender cómo el cambio climático afecta a la salud. En el informe europeo completo se utilizan 43 indicadores estructurados en cinco grandes áreas, desde impactos directos hasta financiación o políticas públicas.
En la versión específica de ciudades, esos indicadores se aterrizan a escala urbana: más de 850 ciudades, datos históricos, comparaciones entre décadas y métricas que permiten ver tendencias lo que ayuda a tomar decisiones. El calor extremo, la contaminación, los incendios forestales y las enfermedades transmitidas por vectores están aumentando sus efectos sobre la población, mientras las medidas de adaptación avanzan con demasiada lentitud.
"Siempre ha hecho calor": pero, No así...
Las altas temperaturas siempre han formado parte del verano. Lo que está cambiando es su intensidad, su frecuencia y eso afecta directamente al impacto sobre la salud.
Uno de los datos más preocupantes es que la mortalidad asociada al calor ha aumentado un 160,6 % en el sur de Europa respecto a la década de 1990. Y el problema no son únicamente las olas de calor.
Cada vez son más frecuentes las noches ecuatoriales, aquellas en las que el termómetro no baja de los 25 °C. Sin ese descenso nocturno, el organismo no logra recuperarse adecuadamente: se altera el sueño, aumenta el estrés fisiológico y el sistema cardiovascular permanece sometido a un esfuerzo continuado.

Las consecuencias son especialmente importantes para las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas o quienes desarrollan su actividad laboral al aire libre.
Ciudades que son islas de calor
Si en verano notas una diferencia de temperatura entre un parque y una avenida rodeada de edificios, estás percibiendo el efecto de la isla de calor urbana.
Las superficies asfaltadas, el hormigón y las construcciones acumulan energía durante el día y la liberan lentamente durante la noche. Como resultado, las ciudades se mantienen significativamente más cálidas que su entorno.
La buena noticia es que existen soluciones eficaces. Allí donde se han ampliado las zonas verdes o se han transformado determinadas superficies urbanas, el calor estival ha disminuido. De hecho, esto ocurrió en el 88 % de las ciudades analizadas.
Castellón y Granada: dos caras del mismo fenómeno
El informe destaca dos casos en España. Uno de ellos es Castellón, donde la mortalidad atribuible al calor extremo ha aumentado un 553 %. La elevada humedad, la sucesión de noches cálidas y el envejecimiento de la población incrementan la vulnerabilidad frente a las altas temperaturas.
Definición gráfica de "Isla de calor urbana" podemos observar en la capital como puede variar la temperatura según los barrios, en zonas más abiertas y expuestas como es el Albaicin hay 25° actuales a las 2:00 de la madrugada y por ejemplo en Arabial, Camino de Ronda 28° pic.twitter.com/HO1XFPw1RN
— tiempo en Granada (@Granada_Meteo) June 24, 2026
En Granada, por su parte, la escasez de arbolado y la abundancia de superficies de hormigón favorecen la acumulación de calor durante el día y dificultan el enfriamiento nocturno. Algunos barrios llegan a comportarse como auténticas trampas térmicas.
Son dos ejemplos concretos de una realidad que se repite en numerosos núcleos urbanos europeos. Todos estamos pensando en nuestra ciudad, y todos tenemos razón.
El calor y las enfermedades emergentes
El aumento de las temperaturas favorece la expansión de especies como el mosquito tigre (Aedes albopictus), ampliando las áreas con condiciones favorables para enfermedades como el dengue o la fiebre del Nilo Occidental, que ya nos ha causado un aumento tremendo de casos y fallecimientos.

También está cambiando la forma en que convivimos con el polen. Muchas especies alergénicas florecen antes y prolongan su actividad durante más tiempo, alargando las temporadas de alergia y aumentando la exposición de millones de personas. Son cambios con consecuencias sanitarias cada vez más visibles a las que también hay que adaptarse.
Un toque de optimismo
No toda la información es negativa. Las zonas de bajas emisiones, la reducción progresiva de contaminantes atmosféricos y las mejoras en la movilidad urbana están contribuyendo a disminuir parte de los riesgos relacionados con la calidad del aire.
Además, cada vez más ciudades apuestan por modelos que favorecen tanto al clima como a la salud: más transporte público, más desplazamientos a pie, más bicicleta y menos dependencia del vehículo privado. Los datos indican beneficios para las ciudades que toman medidas y se deben exigir.
Un problema de financiación... o distribución de recursos
La mayoría de las ciudades ya conocen los riesgos a los que se enfrentan. Más del 80 % han realizado evaluaciones climáticas y disponen de información suficiente para planificar actuaciones. Sin embargo, llevarlas a cabo es harina de otro costal.
La falta de financiación continúa siendo la principal barrera. El 41,2 % de los municipios identifica los recursos económicos como el mayor problema para avanzar en medidas de adaptación.
En muchos casos, el conocimiento existe. Lo que falta es capacidad para convertirlo en acción.
Un problema ambiental... y sanitario
O lo asumimos ya o vamos tarde: el cambio climático es un problema de salud pública. Por eso la adaptación climática no puede considerarse un asunto exclusivamente ambiental.

Más árboles, menos asfalto, refugios climáticos accesibles y ciudades diseñadas pensando en las personas son medidas que protegen tanto el planeta como nuestra salud. No nos merecemos menos.
La evidencia es sólida. Sabemos qué está ocurriendo y conocemos muchas de las soluciones. Ya hemos entendido el problema, falta avanzar en las soluciones.
Referencia de la noticia
José Chen-Xu, PhDa,c,d Send email to [email protected] ∙ Hedi K Kriit, PhDe,f,g ∙ Prof Jan C Semenza, PhDe,g ∙ Hannah Heiliger, PhDh ∙ Prof Anil Markandya, PhDi ∙ Prof Niheer Dasandi, PhDj ∙ et al.. (2026). The 2026 Europe Cities Report of the Lancet Countdown on health and climate change: cities at the forefront of climate change action.