No eran espíritus, era el Fuego de San Telmo: el espectacular resplandor azul de barcos y aviones

No son espíritus que regresan del abismo, sino energía de nuestro entorno buscando su lugar en el espacio. Tener la suerte de admirar este resplandor es apreciar los campos eléctricos que nos rodean constantemente. Aprende todo sobre su origen en esta noticia.

El fuego de San Telmo ocurre por tormentas, pero también por nevadas intensas, vientos fuertes, cenizas volcánicas o el paso de aeronaves. Crédito: Marcin Kocybik/OMM.
El fuego de San Telmo ocurre por tormentas, pero también por nevadas intensas, vientos fuertes, cenizas volcánicas o el paso de aeronaves. Crédito: Marcin Kocybik/OMM.

El Fuego de San Telmo ha sido, durante siglos, uno de los misterios más cautivadores para quienes se aventuran en el mar o surcan los cielos. Este fenómeno se manifiesta como un resplandor azulado o violáceo, que emana de las estructuras puntiagudas de barcos y aviones durante las tormentas.

De acuerdo con observaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), una de las condiciones para que este tipo de fenómenos se logre, es que su campo eléctrico alcance unos 30,000 voltios por centímetro de aire, algo común bajo nubes cumulonimbos.

Por su parte, el color azul o violeta se debe a que el aire de nuestra atmósfera está compuesto principalmente por nitrógeno y oxígeno gaseoso. Al ser influenciados por la electricidad, estos elementos emiten luz en longitudes de onda que nuestros ojos perciben en esos tonos fríos.

Si la atmósfera tuviera otra composición química, el resplandor de San Telmo podría verse de otros colores como verde, rojo o incluso amarillo. Que sea azul, es parte de la química en la atmósfera de nuestro planeta.

De acuerdo a la definición de la OMM, el Fuego de San Telmo es una descarga eléctrica luminosa, más o menos continua, de intensidad débil o moderada en la atmósfera, que emana de objetos elevados en la superficie terrestre (por ejemplo, pararrayos, veletas y mástiles de barcos) o de aeronaves en vuelo (por ejemplo, las puntas de las alas).

Un aspecto fascinante, es que el Fuego de San Telmo suele ir acompañado de un siseo o zumbido eléctrico (muy parecido a la alimentación de energía por baterías de alto poder), esta características es resultado de la vibración de las moléculas de aire al ser ionizadas rápidamente por una carga eléctrica.

¡Una chispa eléctrica!

Durante una tormenta eléctrica, el aire alrededor se ioniza. Esta acción de ionización provoca que las moléculas de gas se rompan y liberen fotones, creando ese brillo espectral tan característico. Es, esencialmente, una descarga luminosa de baja intensidad que ocurre antes de que un rayo llegue a formarse.

En términos generales, no es fuego en el sentido tradicional, sino un estado de la materia conocido como plasma. Ocurre cuando existe una diferencia de potencial eléctrico extremadamente alta entre el aire atmosférico y un conductor de electricidad.
En términos generales, no es fuego en el sentido tradicional, sino un estado de la materia conocido como plasma. Ocurre cuando existe una diferencia de potencial eléctrico extremadamente alta entre el aire atmosférico y un conductor de electricidad.

En apariencia el Fuego de San Telmo, suele parecer llamas azules o rayos de luz que se mueven como un típico patrón eléctrico. A diferencia de una flama de fuego, este fenómeno no consume oxígeno ni genera calor suficiente, por lo que no puede quemar la madera o el metal. Podemos ejemplificar el efecto, al de las lámparas o esferas de plasma.

A menudo confunden al Fuego de San Telmo con los rayos globulares, pero son fenómenos físicos con comportamientos y orígenes totalmente distintos. Mientras que el rayo globular es una esfera de energía que flota libremente, el Fuego de San Telmo está siempre anclado a un objeto.

Además, requiere de una estructura puntiaguda, como un pararrayos, un mástil o un eje de hélice, para poder manifestar su brillo azulado. Esta relación con los objetos sólidos, es lo que permite que sea un fenómeno más fácil de estudiar.

Aparición en el cielo y en alta mar

Los marineros solían tocar estas luces con asombro, notando que no quemaban su piel a pesar de su brillo intenso. Esta característica "fría" alimentaba leyendas sobre su origen sobrenatural en épocas donde la física era desconocida.

Para los navegantes, ver estas luces coronando los mástiles de sus barcos era una señal divina de esperanza. Creían que el espíritu de San Erasmo de Formia, patrón de los marineros, descendía para protegerlos del naufragio.

Mientras que en aviación, el Fuego de San Telmo es un visitante frecuente que ocurre especialmente cuando los aviones atraviesan nubes de tormenta. Se manifiesta como hilos de luz que recorren el parabrisas de la cabina o se concentran en las puntas de las alas del avión.

Cabe mencionar que, los aviones cuentan con descargadores estáticos que ayudan a disipar esta energía acumulada de manera segura hacia la atmósfera. Verlo desde la cabina es una experiencias única para la tripulación.

Un fenómeno que es parte de la historia

Históricamente, figuras como Cristóbal Colón y Charles Darwin dejaron constancia en sus diarios sobre encuentros con este fenómeno eléctrico en sus viajes. Colón describió haber visto "luces fantasmales" durante sus travesías por el Atlántico, lo que ayudaba a mantener la moral de su tripulación.

Darwin, a bordo del HMS Beagle, observó con detalle cómo el resplandor envolvía los instrumentos de su barco en una noche cerrada. Estos relatos demuestran que el impacto visual de esta luz azul siempre ha generado una mezcla de temor y fascinación.

En la cultura popular y la literatura, este resplandor ha servido como un recurso narrativo poderoso para enfatizar la tensión en momentos críticos. Desde la novela "Moby Dick" de Herman Melville hasta películas de ciencia ficción.

Cada vez que un piloto reporta haber visto el Fuego de San Telmo, se conecta con milenios de historia humana. Es un puente entre la superstición de nuestros ancestros y la precisión de nuestra tecnología contemporánea.