¿Quién fue Eunice Newton Foote? La científica que predijo el cambio climático antes que nadie
En 1856, una mujer anticipó el efecto invernadero desde su casa y tuvo que esperar más de 150 años para que la historia de la ciencia la reconociera.

Hay ideas que se quedan en silencio. Sepultadas por estereotipos. No por ser pequeñas, sino porque el mundo aún no sabe dónde colocarlas. Era el siglo XIX, y la ciencia avanzaba entre salones cerrados, academias... y testosterona.
Mientras, en una casa común del noreste de Estados Unidos, una mujer colocó cilindros de vidrio al sol. Dentro de ellos había aire, vapor de agua y dióxido de carbono. Midió temperaturas, comparó resultados y escribió una conclusión que hoy resulta inquietantemente familiar.
No había satélites, ni modelos climáticos, ni grandes laboratorios. Solo curiosidad feroz, método y observación, luchando a contracorriente de la sociedad. Una mujer haciendo ciencia, y el dolor tan de siempre — tan compartido — de intentar imponerte a una realidad que no te deja ser quien eres.
¿Su nombre? Eunice Newton Foote. Una mujer que en 1856 escribió: una atmósfera con mayor concentración de dióxido de carbono sería más cálida. Y así, sentó las bases físicas del efecto invernadero. Pero durante décadas, nadie escuchó. Quizás porque la advertencia llegó demasiado pronto. O quizás porque venía de quien no debía estar haciendo ciencia.

A veces, al leer su historia, no aparece la admiración primero, al menos no sola. La acompaña la impotencia. La imagino mientras sus resultados viajan en una voz ajena, solemne y masculina, y ella queda reducida a una nota al margen de su propio pensamiento. No porque sus ideas fueran débiles, sino porque al mundo le quedaba grande todo lo que representa una mujer pensando.
Pensar el mundo desde donde no se podía
Eunice Newton Foote nació en 1819, en una época en la que a las mujeres se les permitía aprender, pero no producir conocimiento reconocido. No podía acceder a universidades ni a sociedades científicas. No podía presentar su propio trabajo en congresos. Pero sí podía pensar.
Participó en el movimiento sufragista y firmó la "Declaration of Sentiments" en la Convención de Seneca Falls de 1848.
Fue parte de un entorno intelectual progresista, interesada tanto en la ciencia como en la justicia social. Participó en el movimiento sufragista y firmó la "Declaration of Sentiments" en la Convención de Seneca Falls de 1848. Para ella, entender el mundo natural y transformar el mundo social iban de la mano.
No trabajaba desde un laboratorio institucional, sino desde su casa. Sus herramientas eran simples, pero sus preguntas no. Y en ese gesto hay algo profundamente atemporal, que a veces se desdibuja entre prisas y presiones de la cultura científica actual. Hacer ciencia desde la curiosidad persistente, desde un lugar al que la ciencia formal no la dejaba entrar.
El experimento que anticipó el clima del futuro
En su trabajo “Circumstances affecting the heat of the Sun’s rays”, Eunice describió un experimento directo y elegante. Comparó cómo se calentaban distintos gases al exponerse a la radiación solar. Observó que el dióxido de carbono retenía más calor que el aire común, y que el vapor de agua intensificaba ese efecto.
Su conclusión fue clara y explícita: cambios en la composición de la atmósfera podían alterar la temperatura del planeta. Y una mayor proporción de dióxido de carbono daría como resultado una temperatura más elevada. Hoy esa idea es el pilar físico del efecto invernadero.
Pero en 1856 fue apenas una nota leída ante la American Association for the Advancement of Science. La leyó un colega (Joseph Henry) por ella, porque Eunice no tenía permitido hacerlo. No hubo debate, ni continuidad. El experimento fue ignorado. Antes de su lectura, el propio Henry comentó lo injusto de que las mujeres no pudieran presentar trabajos científicos.

Tres años más tarde, John Tyndall demostraría en laboratorio que gases como el dióxido de carbono y el vapor de agua absorben calor; y por eso muchos textos lo llaman "el fundador de la ciencia climática moderna”. Svante Arrhenius publicó en 1896 un estudio que formalizaba matemáticamente esa relación y la historia lo colocó como “el primero” en explicar el efecto invernadero.
Pero la historia de la ciencia suele empezar a contar desde el momento en que el sistema reconoce algo, no desde cuando alguien lo piensa por primera vez. Y ahí es donde Eunice quedó fuera del relato.
¿Quién fue Eunice, más allá del experimento?
No existen diarios íntimos ni memorias personales extensas. Eunice aparece apenas en fragmentos: artículos científicos breves, patentes, referencias en archivos familiares, registros de su activismo social. Un silencio que no es casual. Es el silencio histórico que rodea a tantas mujeres científicas del siglo XIX.
Aun así, algo se vislumbra entre los documentos. Una mente metódica, una curiosidad transversal y una forma de observar el mundo con pasión y sin prisas. Eunice fue parte de una generación de mujeres que pensaban el mundo sin que el mundo les concediera espacio. Ella no buscaba “hacer historia”. Buscaba comprender. Y a veces, demasiadas veces, eso es suficiente para incomodar.
El silencio como herencia científica
Que Eunice Newton Foote haya sido ignorada durante más de cien años no se explica por falta de rigor científico. Se explica por exceso de contexto. Ser mujer, no pertenecer a una institución académica y producir conocimiento desde los márgenes significaba no existir para la ciencia oficial. Su olvido es estructural.
Y su historia nos recuerda algo incómodo. La ciencia avanza — o se estanca — no solo por acumulación de datos, sino también por decisiones sobre a quién se escucha. El clima empezó a hablarnos antes de lo que solemos creer. Pero importaba más quién lo estaba contando.
Hablar de Eunice hoy, iniciando febrero — mes del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia — es un ejercicio de memoria científica. ¿Cuántas ideas llegaron antes, pero no encontraron eco? A lo largo de la historia, muchas advertencias fueron pronunciadas en voz baja, no por falta de claridad, sino por falta de permiso.
Eunice no solo predijo el cambio climático, también mostró cómo la ciencia se desdibuja por desigualdad. Tristemente, la ciencia también tiene memoria selectiva. Pero, hoy, muchas mujeres podemos dedicarnos a ella porque otras insistieron cuando insistir costaba todo. Creo que hay algo de Eunice en muchas de nosotras. Y algo de nosotras que continúa lo que ella no pudo llegar a ver.
Referencia de la noticia
Happy 200th birthday to Eunice Foote, hidden climate science pioneer. 17 de julio de 2019. Amara Huddleston. Publicado en Climate.gov, el portal climático oficial de la NOAA.