Después de un día en la playa, te sientes más cansado y hambriento: te explicamos por qué
Tras pasar un día en la playa «sin hacer nada», regresas a casa agotado, con sueño y hambriento. Las razones son fisiológicas y están relacionadas con las hormonas, la presión arterial y la hidratación.

Los largos días de verano junto al mar no solo son agradables y divertidos, sino que a menudo dejan una sensación de agotamiento y un hambre mayor de lo habitual, incluso si parece que no has hecho más que relajarte durante todo el día.
Al fin y al cabo, atender las necesidades de nuestro cuerpo forma parte del placer de las vacaciones.
Por qué la costa provoca cansancio
El agotamiento típico que aparece tras un día de Sol y mar es una consecuencia natural del descenso de la presión arterial. Con el calor y la exposición directa al Sol, los vasos sanguíneos se dilatan y la presión arterial baja, por lo que es natural sentirse más cansado y somnoliento al final de la jornada.
La deshidratación causada por la sudoración intensifica este efecto. Junto con los líquidos, el cuerpo pierde magnesio, potasio y otros minerales, lo que aumenta la sensación de fatiga.
Además, las endorfinas que libera el organismo durante las vacaciones en la costa favorecen una relajación mental y física más profunda, contribuyendo a esa clásica sensación de agradable letargo.
El papel de la melanina y la melatonina
La luz solar influye considerablemente tanto en la melanina como en la melatonina, provocando una sensación de fatiga física.
La melanina es el pigmento producido por los melanocitos, responsable del bronceado veraniego. La exposición a los rayos ultravioleta desencadena la melanogénesis, un proceso que requiere un gasto energético adicional y cuyos efectos se notan al final del día.
Por otro lado, la melatonina es la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. La exposición a la luz solar inhibe temporalmente su producción, pero al regresar a casa, el cuerpo vuelve a generarla, lo que induce somnolencia
La costa y la sensación de hambre
Es muy habitual sentir más hambre al visitar la costa. El factor principal es el yodo, que estimula el metabolismo y aumenta su actividad, incrementando así el apetito.

Además, en verano solemos estar más activos: desplazándonos hacia y desde la playa, nadando o dando paseos. Este cambio repentino especialmente para quienes llevan una vida mayoritariamente sedentaria el resto del año, conlleva un aumento inmediato del gasto energético.
En cualquier caso, no conviene ceder al hambre con demasiada facilidad; Si bien darse algún que otro capricho culinario en verano es ciertamente aceptable, lo ideal es optar por alimentos ligeros que no sobrecarguen el sistema digestivo ni provoquen sensación de pesadez o letargo.
Los alimentos también deben ser ricos en líquidos, para ayudar al cuerpo a reponer los perdidos. Además, las verduras y frutas de verano están repletas de vitaminas A y C que ayudan a reponer energía.
Algunos trucos contra el cansancio después del mar
Quienes más sufren los efectos secundarios del verano en la playa pueden utilizar algunos pequeños trucos.
En primer lugar, bebe más y si es necesario, cuando hagas actividad física o simplemente sudes mucho, puedes utilizar suplementos de sales minerales y en particular de magnesio y potasio.
La dieta, como hemos visto, debe ser variada y ligera, intentando limitar las grasas saturadas y el exceso de hidratos de carbono.
Algunas categorías de personas, como las personas mayores, los pacientes cardíacos, pero también las mujeres embarazadas y los diabéticos, deberían controlar su presión arterial con mayor atención y, por tanto, evitar exponerse directamente al Sol durante las horas más calurosas.