Karen Mogensen y Nicolás Wessberg: la historia de los pioneros de la conservación en Costa Rica

A principios de la década de 1960, Costa Rica experimentaba una rápida deforestación. Dos ambientalistas, Karen Mogensen y Nicolás Wessberg, decidieron tomar el camino menos obvio para la época. ¿Quiénes eran y cómo se les recuerda hoy?

El pequeño monumento en memoria de Karen Mogensen y Nicolás Wessberg a la entrada del Parque Nacional Karen Mogensen y Nicolás Wessberg, Costa Rica.
El pequeño monumento en memoria de Karen Mogensen y Nicolás Wessberg a la entrada del Parque Nacional Karen Mogensen y Nicolás Wessberg, Costa Rica.

Costa Rica es hoy uno de los mejores ejemplos mundiales de equilibrio entre la protección ambiental y el desarrollo. Aproximadamente el 57% de su territorio está compuesto por diversos tipos de bosque, incluyendo selva tropical, bosque nuboso, bosque seco y manglares, ecosistemas que albergan aproximadamente el 5% de la biodiversidad mundial.

Pero esto no siempre fue así. En las décadas de 1960 y 1970, Costa Rica enfrentó graves problemas de deforestación, principalmente debido a la ganadería. La tierra se degradó y la naturaleza se vio amenazada.

El compromiso de Karen Mogensen y Nicolás Wessberg, quienes llegaron aquí en la década de 1950, sentó las bases de lo que se convertiría en una de las áreas protegidas más importantes de la Península de Nicoya.

¿Quiénes eran Karen y Nicolás?

Olof (Nicolás) Wessberg (1904-1975), sueco de origen, y Karen Mogensen (1900-1994), danesa de origen, eran ambientalistas que deseaban vivir en armonía con la naturaleza y producir sus propios alimentos naturales.

Decidieron establecerse en Costa Rica a finales de la década de 1950, en la zona sur de la Península de Nicoya. Les impresionó la rica biodiversidad del bosque tropical. Sin embargo, también observaron la degradación de aquellos años, con grandes áreas deforestadas para dar paso a pastizales y cultivos. Por ello, decidieron comprometerse activamente con su protección.

Trabajaron activamente para concienciar a terratenientes e instituciones sobre la importancia de la conservación, aunque recibieron poco apoyo en aquel momento. Al final, su perseverancia triunfó, y su contribución fue crucial para sentar las bases culturales y crear conciencia sobre lo que se convertiría en el sistema moderno de áreas protegidas de Costa Rica.

Karen Mogensen y Nicolás Wessberg no fueron solo dos apasionados por el bosque: fueron pioneros de la conservación moderna en Costa Rica en una época en la que proteger la naturaleza aún no era una prioridad.

Cabo Blanco: El primer parque de Costa Rica en 1963

Su compromiso rindió frutos en 1963 con la creación de la Reserva Natural Absoluta Cabo Blanco, en el extremo suroeste de la Península de Nicoya. Karen y Nicolás, junto con organizaciones internacionales y otras personas interesadas, adquirieron tierras con el objetivo de protegerlas de la deforestación y preservarlas en su totalidad.

La reserva se llama "Absoluta", porque la decisión fue radical para la época. No se permite la explotación del bosque ni la conversión a agricultura o pastoreo en la zona, ni se permiten actividades extractivas, y la zona está plenamente protegida para sus ecosistemas.

Un panel en el camino del Sueño Verde, el sueño verde, cuenta su historia con una hermosa fotografía de la pareja Karen y Nicolas.
Un panel en el camino del Sueño Verde, el sueño verde, cuenta su historia con una hermosa fotografía de la pareja Karen y Nicolas.

Durante mucho tiempo, también fue inaccesible para los humanos. Hoy en día, el parque está abierto al turismo, pero algunas áreas permanecen vedadas y en estado de conservación total. Esta fue una visión pionera en la década de 1960.

Defendiendo el bosque, hasta el final

La lucha de la pareja contra la deforestación no se detuvo en Cabo Blanco; otras áreas de Costa Rica estaban amenazadas, incluyendo el increíble punto de biodiversidad de la Península de Osa y lo que hoy es el Parque Nacional Corcovado.

Nicolás Wessberg, en particular, se pronunció en la zona para concienciar a la población y luchar contra los empresarios sin escrúpulos que explotaban los recursos del bosque.

La encantadora Playa Piedra Colorada, donde vivieron los dos ambientalistas, es también donde reposan los restos de Nicolás Wessberg. Una placa lo conmemora, y los transeúntes dejan montones de piedras en su memoria.
La encantadora Playa Piedra Colorada, donde vivieron los dos ambientalistas, es también donde reposan los restos de Nicolás Wessberg. Una placa lo conmemora, y los transeúntes dejan montones de piedras en su memoria.

En 1975, Nicolás Wessberg fue asesinado en circunstancias que nunca se han esclarecido por completo. Karen Mogensen, al no verlo regresar, fue a buscarlo y encontró sus restos. Los trajo a casa cerca de Montezuma y los enterró en sus terrenos, cerca de una encantadora playa, Playa Piedra Colorada. Hoy en día, se erige una lápida conmemorativa, donde los transeúntes aún dejan montones de piedras en honor a su memoria.

Su memoria hoy

Ambos son recordados hoy por sus nombres en áreas protegidas en su memoria. Un monumento los conmemora a la entrada del Parque Nacional Cabo Blanco. La Reserva Natural Absoluta Nicolás Wessberg se creó cerca de su hogar.

La Reserva Natural Karen Mogensen está dedicada a Karen. Se encuentra en las colinas de la Península de Nicoya, a una altitud de entre 100 y 700 metros. Además de preservar la flora y la fauna, la reserva también desempeña un papel importante en la protección de manantiales y recursos hídricos esenciales para toda la región sur de la Península de Nicoya.

Gestionada por la asociación costarricense ASEPALECO, la protección del área también ha contado con el apoyo de donantes de todo el mundo que han adquirido terrenos para la reforestación a través de la asociación Foreste per Sempre. Actualmente, además de las actividades de ecoturismo, la Reserva también alberga la Estación de Investigación Biológica y Meteorológica "Italia Costa Rica".

Para más información, un libro, disponible en varios idiomas, cuenta su historia. Se titula Los espíritus de Cabo Blanco de Lola Pereira.