¿Qué es esta isla paradisíaca donde los habitantes ya no tienen acceso a las playas?

Jamaica, un legendario destino caribeño, cautiva a millones de turistas cada año. Pero tras sus paisajes de postal se esconde una realidad mucho más dura. En la isla, el acceso a la costa se ha convertido en un privilegio del que sus habitantes están prácticamente excluidos.

Vista aérea de Ocho Ríos.
Vista aérea de Ocho Ríos.

Un poco más grande que Córcega, Jamaica es una isla de más de 10,000 km² ubicada en las Antillas Menores, justo al sur de Cuba. Sus paisajes se componen de montañas, exuberantes selvas tropicales y espléndidas playas bordeadas de arrecifes. Montego Bay y Negril, dos ciudades al norte de la isla, cuentan con una multitud de balnearios populares entre turistas de todo el mundo por sus aguas cristalinas y playas de arena blanca.

Pero tras esta imagen de postal, la realidad es mucho menos idílica. En tan solo unas décadas, gran parte de las playas de Jamaica se ha privatizado para favorecer complejos hoteleros y residencias de lujo. Lugares que antes eran esenciales para la vida local ahora están cercados por muros o sujetos al pago de entrada. Esta situación alimenta el creciente descontento de la población.

En tan solo unas décadas, gran parte de las playas de Jamaica se ha privatizado para favorecer complejos hoteleros y residencias de lujo.

Jamaica cuenta con aproximadamente 358 km de playas de arena fina y 278 km de costas de guijarros. Sin embargo, solo 7 km están actualmente abiertos al público, lo que representa menos del 1% del litoral de la isla. "Más del 99% del litoral de Jamaica es ahora privado", señala la BBC.

Arena blanca y mar turquesa en una playa de Negril.
Arena blanca y mar turquesa en una playa de Negril.

Esta cifra contrasta marcadamente con la imagen de una isla abierta al mar. En Mammee Bay, por ejemplo, en la costa norte, una vasta extensión de arena frecuentada durante generaciones por pescadores y familias fue vendida en 2020 a un promotor privado. Posteriormente, se erigió un muro de hormigón, cortando abruptamente el acceso al mar a los residentes de Steer Town.

La costa confiscada

En zonas turísticas como Montego Bay y Ocho Ríos, hoteles y villas bordean la costa sin interrupción, bloqueando físicamente el acceso de los residentes al mar, explica Outre-mer La Première. A los pescadores a veces solo se les permite cruzar las playas para llegar a sus embarcaciones, sin poder nadar ni caminar por ellas.

Para Devon Taylor, cofundador de JaBBEM —un movimiento ambientalista que defiende el derecho de acceso de los indígenas a las playas de Jamaica—, esta confiscación de la costa es incomprensible. "¿Cómo puede una playa o un río usarse durante cientos de años y luego, en pocos días, volverse inaccesible?", declaró a la BBC. Este fenómeno forma parte de una tendencia más amplia, acelerada por el auge del turismo con todo incluido y la inversión extranjera en la costa.

Solo el 40% de los 4.300 millones de dólares generados por el turismo permanece en la economía local.

En 2024, la isla recibió un récord de 4,3 millones de visitantes. Esta cifra supera la población actual del país, estimada en 2,8 millones. Sin embargo, esta afluencia masiva solo beneficia parcialmente a la población local: solo el 40% de los 4,300 millones de dólares generados por el turismo permanece en la economía local. Al mismo tiempo, para 2030, se planea construir 10,000 nuevas habitaciones de hotel, principalmente a lo largo de la costa, lo que aumenta aún más la presión sobre las zonas costeras.

El desafío a la Ley de Control de Playas

El núcleo del problema reside en la Ley de Control de Playas de 1956, una ley colonial británica que no reconoce ningún derecho general de acceso a las playas para los ciudadanos jamaicanos. Mantenida tras la independencia en 1962, aún permite al estado ceder la costa a promotores privados. “Cuando se les aísla del mar, de las prácticas pesqueras tradicionales y de sus medios de vida a los jamaicanos, se destruye a la comunidad”, advierte Marcus Goffe, abogado que representa al movimiento JaBBEM.

Ante esta privatización gradual, la resistencia crece. Desde su creación en 2021, JaBBEM ha apoyado acciones legales para preservar el acceso público a varios sitios emblemáticos, desde Mammee Bay hasta Bob Marley Beach. “En Montego Bay, quizás queden cuatro playas públicas”, lamenta Monique Christie, coordinadora comunitaria de JaBBEM.

Para quienes abogan por el acceso a la costa, el problema va más allá de la dimensión puramente legal. “No se trata solo de derechos; comunidades como la nuestra están profundamente conectadas con nuestra tierra y nuestro entorno natural”, enfatiza Marcus Goffe.fe.

Optando por un turismo responsable

Ante esta situación, Devon Taylor insta a los viajeros a tomar decisiones informadas. “Investiguen, inviertan su dinero en turismo de forma responsable y visiten las zonas locales de Jamaica”, insiste. Algunas regiones, como Negril o Treasure Beach, aún ofrecen playas abiertas a todos, repletas de hoteles y restaurantes gestionados por jamaicanos.


En Bob Marley Beach, cerca de Kingston, en la costa este, un lugar emblemático que alguna vez fue frecuentado por la estrella del reggae y considerado un refugio espiritual por la comunidad rastafari, familias luchan para impedir la construcción de un resort de lujo de 200 millones de dólares.

"El acceso a playas y ríos es un derecho fundamental". "Algunos espacios no se pueden privatizar", escribió Ziggy Marley, hijo de Bob Marley, en Instagram, instando al gobierno a garantizar el acceso incondicional a las playas para todos los jamaicanos.

The Guardian sitúa esta situación dentro de un fenómeno regional más amplio, refiriéndose a una "tendencia preocupante" en el Caribe, donde los gobiernos venden playas y terrenos costeros a inversores extranjeros, a menudo en detrimento de las poblaciones locales y del medio ambiente. En este contexto, Jamaica se ha convertido en el símbolo de un paraíso perdido, confiscado a sus habitantes.

Referencias de la noticia

Cette île paradisiaque regorge de plages somptueuses... mais ses habitants ne peuvent pas y accéder, le 9 janvier 2026, Inès Florenti

Cette île paradisiaque où les habitants n’ont presque plus le droit d'aller à la plage, Chloé Gurdjian, le 14 janvier 2026