Nueva tecnología que preocupa a los expertos: gafas que permiten navegar por internet usando solo la mente
Gracias al desarrollo de la tecnología, hoy es posible realizar tareas que hasta hace pocos años era impensable. Se abre el debate por la navegación en internet usando la mente.

El desarrollo tecnológico ha avanzando muy de prisa. Hasta hace pocos años, era muy difícil poder siquiera imaginar que podríamos comunicarnos en cuestión de segundos a cualquier parte del mundo, o realizar video llamadas usando un teléfono que portamos a cualquier sitio a donde vamos.
Existen empresas que, en este momento están ofreciendo herramientas para el uso de internet, por ejemplo, el uso de lentes para que mientras se desplaza caminando por una calle, reciba una notificación y con el simple movimiento de una mano o su intención se ignore o pueda ser leído.
La rápida evolución de la comunicación por la red de redes, ha permitido transitar del “internet de las cosas” a trabajar en el denominado “internet de los cuerpos”. Un ejemplo de esto, es el desarrollo tecnológico en el que trabajó una empresa de tecnología en conjunto con otra de anteojos.
Su trabajo ha avanzado de tal forma, que de solamente contar con unas simples cámaras montadas en los armazones de unos lentes, ahora estos dispositivos cuentan con herramientas de inteligencia artificial (IA): tienen una pantalla de visión completa que muestra información al usuario en un cristal transparente.

El usuario, no tiene que cambiar su punto de vista para observar la información que se le muestra en la pantalla. El funcionamiento se complementa con el uso de una pulsera, conocida como “neural band”; de forma que se detectan las señales eléctricas de los nervios humanos.
Ante este ambiente tecnológico, se abre el debate sobre sobre los derechos neuronales. ¿En qué medida le permitimos a la IA que tenga acceso a nuestros pensamientos, gustos, estados emocionales, niveles de fatiga o estrés e inclusive nuestras reacciones por estímulos externos?
Mediante diversos algoritmos y con uso de dispositivos como las bandas y lentes, la IA puede controlar la realidad decodificando la intención y traducirlo en diversos comandos digitales.
La importancia de los neuroderechos y la integridad cerebral
El uso de lentes y bandas, con los cuales se registran los impulsos eléctricos y las reacciones, comprometen los llamados derechos neuronales. Si la banda o los lentes, al estar conectados a internet detectan las reacciones del usuario ante anuncios publicitarios, estos dejan de ser privados.
Cuando se enlaza al ser humano y su biología con la predicción de algoritmos, la línea divisoria entre la voluntad individual y la sugerencia de IA desaparecen. Además, el uso de un sistema que identifica impulsos nerviosos y las razones por las cuales se generan, podría influir en las decisiones de la persona.
Incremento de riesgos al mezclar el mundo exterior con los pensamientos
El principal problema se presenta cuando se le dan permisos a la IA a recibir información del mundo exterior con el que se relaciona la persona, sus pensamientos y las diversas inferencias – propuestas con las cuales podría incidir en la manipulación de decisiones, que pueden ser de las más simples a las relevantes.
Por ejemplo, la IA puede detectar cansancio en el estado de ánimo de la persona y mediante diversos estímulos propuestos en las gafas, genera la suficiente dopamina para manipular e incrementar el ánimo y el trabajo. Una empresa de tecnología ha identificado también, que mediante las pupilas se puede conocer el grado de interés o el nivel de conocimiento.
¿Evolución o invasión mental?
El desarrollo de diversas interfases máquina-mente representan cierto nivel de invasión personal. Mediante cirugía, incluso se puede implantar un chip en la corteza cerebral: La finalidad inicial de este tipo de herramienta es meramente médica pero su uso plantea ya diversos riesgos éticos, ante la posible simbiosis entre lo biológico y la inteligencia artificial.
Existe cierto optimismo, con el uso de este tipo de herramientas ayude en la erradicación de ciertas enfermedades, como el alzhéimer, mejorando su calidad de vida. Sin embargo, también se observa que el uso de los impulsos nerviosos como mercancía permitiría vigilar a las personas y manipular sus estados de ánimo o sus conductas.