Cohete de SpaceX choca contra la Luna y todo el mundo mira hacia el satélite en busca del cráter
Una etapa abandonada de un Falcon 9 chocó contra la Luna. Astrónomos detectaron una nube química, mientras sondas orbitales buscan el cráter y los restos del impacto artificial.

En la madrugada de este miércoles 5 de agosto de 2026, cerca de las 06:35 UTC (0:35 del centro de México), una etapa del Falcon 9 chocó en la Luna. Tras permanecer más de un año en órbita, el objeto golpeó la superficie a unos 8,700 kilómetros por hora.
No fue el cohete completo, sino la etapa superior desechable identificada como 2025-010D. Tras completar su trabajo, la estructura de 12 metros de longitud y una masa de 4 toneladas, quedó sin capacidad de efectuar una maniobra controlada para regresar y desintegrarse en la atmósfera terrestre.
Aunque circulan algunas imágenes en redes sociales, ¡son falsas! Se realizaron con IA, pues ningún observatorio obtuvo una imagen directa del instante exacto del impacto. La intensa luminosidad dificultó distinguir algún destello desde la Tierra a pesar de que muchos entusiastas dirigieron sus telescopios a la zona.
La primera confirmación física llegó mediante observaciones espectroscópicas realizadas desde Chile por parte del Centro de Física Espacial de la Universidad de Boston:
Los cálculos situaron el choque cerca del cráter Einstein, en una zona iluminada próxima al límite entre la cara visible y la cara oculta. Los modelos estimaban que la colisión podría abrir un cráter de entre 27 y 40 metros, aunque su tamaño real solamente podrá determinarse mediante imágenes orbitales posteriores.
SpaceX y su Falcon 9
La etapa había sido utilizada el 15 de enero de 2025 para lanzar dos módulos lunares comerciales desde el Centro Espacial Kennedy, la Blue Ghost Mission 1, construido por Firefly Aerospace, y RESILIENCE, perteneciente a la compañía japonesa ispace. Ambas naves compartieron el Falcon 9, pero siguieron trayectorias independientes después de separarse.
La misión que conquistó la Luna
Blue Ghost tomó una ruta de 45 días antes de aterrizar exitosamente el 2 de marzo de 2025 en Mare Crisium. El módulo quedó estable y vertical, convirtiendo a Firefly Aerospace en una de las primeras compañías privadas que consiguió completar un descenso suave y plenamente operativo sobre la superficie lunar.

Transportó 10 instrumentos científicos y tecnológicos de la NASA dentro del programa Commercial Lunar Payload Services, con experimentos que estudiaron el polvo lunar, la respuesta del regolito a los motores, la temperatura del subsuelo, la radiación, la navegación con señales satelitales y diversas tecnologías para futuras misiones de Artemis.
Blue Ghost permaneció activo durante una jornada lunar completa y concluyó sus operaciones el 16 de marzo, transmitiendo 119 gigabytes de información, incluidas imágenes de un eclipse y del atardecer lunar.
El segundo pasajero
RESILIENCE tuvo una trayectoria de baja energía mucho más prolongada para ahorrar combustible. Durante varios meses realizó maniobras, un sobrevuelo lunar y la inserción orbital antes de intentar descender en Mare Frigoris.
El módulo transportaba cargas científicas y comerciales, además del vehículo TENACIOUS, desarrollado por la división europea de ispace que debía desplazarse sobre la superficie, probar tecnologías de movilidad y realizar procedimientos para recolectar regolito. Además de llevar una sonda taiwanesa para medir radiación en el espacio profundo.

Aunque varias etapas del viaje se completaron correctamente, la misión tuvo un problema crítico durante los últimos minutos del descenso lunar. El 5 de junio de 2025, las comunicaciones se interrumpieron poco antes del aterrizaje previsto.
El análisis posterior concluyó que una anomalía en el telémetro láser retrasó las mediciones válidas de altura, impidiendo reducir la velocidad por lo que terminó golpeando la superficie en Mare Frigoris, donde fue localizado por la Lunar Reconnaissance Orbiter seis días después como una mancha oscura rodeada por un halo tenue.
La aguja en el pajar
Lo que sigue es buscar el nuevo cráter, dejado por la basura de Elon. La Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA y el instrumento ShadowCam, instalado en la sonda surcoreana Danuri, intentarán obtener fotografías anteriores y posteriores del sitio. El éxito dependerá de la iluminación y del momento en que sus órbitas crucen la región.
Y aunque estamos impacientes por ver ese cráter, en cierta medida “esperado”, las primeras imágenes podrían tardar varios días porque los orbitadores no sobrevuelan continuamente la zona. Cuando aparezcan, habrá que comparar fotografías para localizar cambios, medir el tamaño y estudiar la distribución del material expulsado.
Este acontecimiento que parte de un experimento accidental nos ayudará a comprender cómo una estructura metálica hueca interactúa con el regolito. A diferencia de un meteoroide compacto, una etapa de cohete puede fragmentarse y repartir su energía de manera distinta.
Aunque el choque no representó peligro para la Tierra ni alteró de manera apreciable la Luna, los datos ayudarán a mejorar los modelos sobre destellos, nubes de polvo y formación de cráteres artificiales. En un futuro será muy importante poder monitorear, rastrear y diseñar aparatos que minimicen el riesgo de un impacto.