Ehécatl, templo al viento en el metro Pino Suárez

Te contamos sobre lo que creían en mesoamérica causaba las catástrofes hace un par de siglos y por qué un dios del viento y sus cuatro acompañantes estaban relacionados a esto.

Martha Llanos Rodríguez Martha Llanos Rodríguez 07 Ago 2019 - 00:58 UTC
El multiculturalismo en la Ciudad de México, donde se encuentra un templo al Dios Ehécatl y la línea rosada y azul.
El multiculturalismo en la Ciudad de México, donde se encuentra un templo al Dios Ehécatl y la línea rosada y azul.

La humanidad ha necesitado entender la meteorología para su estabilidad. En esta ocasión hablaremos del viento, entendido este último como el movimiento del aire y que a lo largo de la historia ha sido utilizado para generar energía o volver más rápidos los viajes aéreos y marinos.

Pero mucho antes que se eficientaran los transportes, en el centro de México los aztecas daban explicación al viento, a través de Ehécatl. El mito azteca narra que esta deidad tenía la capacidad de mover el aire por los cuatro puntos cardinales, cualidad que también lo hizo responsable de la creación del quinto sol (Momento donde el humano se encuentra en plenitud con el universo).

Por esta importancia, en diversas zonas de Mesoamérica se han encontrado sitios dedicados a Ehécatl, estos en su mayoría tienen una parte circular, se cree que esta forma redonda es para facilitar el movimiento toda vez que se presente el viento. Además están orientados hacia el este, por donde sale el Sol cada día.

En la Ciudad de México existe un templo al Dios del viento por el que transitan en promedio entre 150 y 200 mil personas diarias, el cual se encuentra en el interior de la estación del metro Pino Suárez. Con una base cuadrada y una cima circular, posee un área de 88 metros cuadrados.

"Nada soy yo, cuerpo que flota, luz, oleaje; todo es del viento y el viento es aire siempre de viaje".- Octavio Paz
"Nada soy yo, cuerpo que flota, luz, oleaje; todo es del viento y el viento es aire siempre de viaje".- Octavio Paz

La leyenda de Ehécatl también narra que venía acompañado de Ehecatotontli o Ehecatntin que simbolizan los vientos de la dirección del universo y que justamente son cuatro, como los rumbos que se manejan actualmente (norte, sur, este y oeste).

Estos constituyen al aire y son los generadores del oleaje, las ráfagas, tornados y otros fenómenos que impactaban la vida de las antiguas culturas, además de acuerdo a su dirección se le atribuían los siguientes efectos.

Los rumbos del norte

Conocidos por Mictlampa ehécatl, provenían de la zona de los muertos, significaban adversidad y peligro para los humanos.

Los rumbos del Sur

Nombrados por Huiztlampa ehécatl se originaban en el lugar de las espinas, eran los más peligrosos, generando muertes por la caída de árboles y la destrucción de casas, también se les atribuía un movimiento brusco en los cuerpos de agua.

Los rumbos del Este

Tlalocayotl, era el nombre que recibían estos vientos. Conocidos por su suavidad y tibieza, además de ser de beneficio para la agricultura y en general para la comunidad.

Los rumbos del oeste

Llamados Cihuateocáyotl o Cihuatlampa ehécatl venían de la región de las mujeres, donde también vivían las cihuapipiltin (mujeres que habían fallecido en un primer parto). Se caracterizaban por vientos fríos y moderadamente fuertes de los cuales por su frialdad se deberían proteger las viviendas.

Para disminuir los efectos que pudieran generarse, se les rendía culto a través de pequeñas estatuas con cara de niño en las cimas. De esta forma es notorio que desde las primeras civilizaciones existía una necesidad por prevenir las amenazas a las que se enfrentaban las comunidades.

Desde Meteored te invitamos a que la próxima vez que camines por el cambio de línea en la estación Pino Suárez recuerdes que hace un par de siglos ya se intentaba conocer más el entorno y así surgieron grandes mitos como el del Dios del viento, que entre la urbanidad, aún persiste su templo.

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