La atmósfera observada en tercera dimensión

Además de las observaciones meteorológicas de superficie, los meteorólogos monitorean la atmósfera en niveles superiores. Esta técnica es muy importante para tener una visión en tercera dimensión de los sistemas atmosféricos.

Sondeo
El globo meteorológico es una de las herramientas más importantes que tiene la meteorología operativa.

Los fenómenos meteorológicos que se presentan en nuestra atmósfera, lo hacen dentro de la capa más cercana a la superficie, llamada tropósfera. Esta capa tiene una altura de aproximadamente 15 kilómetros por lo que se necesitan técnicas especiales para estudiarla.

Los principales procesos para que se formen los fenómenos hidrometeorológicos, por ejemplo las tormentas, dan inicio en la superficie de la tierra, debido a que una parcela de aire necesita el calentamiento y humedad suficientes para ascender y formar nubes tipo cumulonimbus. Sin embargo, en muchas ocasiones lo que determina si una tormenta será intensa, de corta duración o de plano no se formará, tiene que ver mucho con lo que pasa en niveles altos de la atmósfera.

En este sentido, los meteorólogos analizan distintas capas de la atmósfera para poder saber que tan inestable puede ser y a que fenómeno nos estamos enfrentando. Por ejemplo, hay niveles especiales entre los 1500 y 3000 metros de altura, donde se pueden encontrar las ondas tropicales, vaguadas y convergencia de humedad. Mientras que a niveles de entre 5000 y 8000 metros de altura se detectan vaguadas polares y corrientes en chorro.

De hecho, también se puede saber qué tan rápido ascenderá una parcela de aire en un determinado lugar y que tan alto llegará, para que de esta manera se pueda pronosticar la formación de tormentas severas que podrían tener vientos intensos y granizo. Para saber que pasará hay que observar la atmósfera capa por capa.

El Radiosondeo

Los meteorólogos utilizan el radiosondeo para poder acceder a datos de la atmósfera desde la superficie, hasta aproximadamente 30 kilómetros de altura. Se trata de un globo que se infla con hidrógeno y se eleva libremente por el cielo. Se le amarra una sonda que contiene sensores de temperatura y humedad que van enviando información a un equipo en tierra conforme va ascendiendo. Este artefacto también calcula la velocidad y dirección del viento en su trayecto.

El observatorio meteorológico de Mérida, Yucatán de CONAGUA, hace 2 veces al día este lanzamiento, el primero a las 6 de la mañana y el segundo a las 6 de la tarde. El meteorólogo encargado del radiosondeo Jose Cardós, nos explicó que antes de sujetar la sonda al globo, ésta tiene que pasar un proceso de chequeo para calibrar el instrumento y tener datos precisos.

Jose Cardós también precisó que una vez que la sonda está en el aire, desde el equipo en tierra se puede dar seguimiento en tiempo real del comportamiento de la temperatura, humedad, presión y vientos de la alta atmósfera. El sondeo termina cuando el globo estalla a una altura de entre 25 y 30 km aproximadamente, y dicha sonda se pierde para siempre. Ya terminado el sondeo la información se codifica en un formato llamado TEMP que es enviado a la red meteorológica mundial para análisis y pronóstico meteorológico.

¿Cómo se utiliza la información de un radiosondeo?

Una vez que la información del radiosondeo está en la red, los meteorólogos la utilizan para confeccionar cartas en diferentes niveles de la atmósfera, y de esta manera encontrar estructuras tridimensionales de sistemas meteorológicos a mediana y gran escala.

No obstante, su principal uso es en el diagrama termodinámico. Una carta donde se grafica el comportamiento de la temperatura, humedad y viento en la vertical, y con esta se puede analizar la inestabilidad atmosférica como si fuera una radiografía.

Los meteorólogos al obtener esta información tridimensional, y combinarla con los datos en superficie, logran tener análisis más objetivos y pronósticos más precisos. Es por eso que los radiosondeos son pieza clave en la meteorología operativa.