México busca frenar el cambio climático con la estrategia REDD+, uniendo el campo y los bosques para asegurar alimento
México apuesta por reducir la deforestación, uniendo producción rural y conservación forestal. Una estrategia climática que busca proteger los bosques y reducir emisiones sin comprometer la seguridad alimentaria.

En muchas regiones de México, la frontera entre bosque y cultivo no es una línea clara. Es más una tensión palpable. Un árbol que cae puede significar alimento, trabajo, ingreso. Pero también puede significar carbono liberado, suelo erosionado, agua perdida. Y durante décadas, producir y conservar muchas veces parecían caminos que avanzaban en sentidos opuestos.
Pero la deforestación no es solo una estadística ambiental. Es, también, una decisión territorial. Cada hectárea transformada modifica la capacidad de estos ecosistemas para almacenar carbono y regular el clima. Y en un país megadiverso como México es aún más complejo, porque el bosque, además, es sustento y memoria local.
En ese contexto surge REDD+, un mecanismo internacional diseñado para reducir las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal. La idea es simple en su formulación, pero profunda en su alcance: conservar los bosques también es una acción climática.
México adoptó esta estrategia no solo como política ambiental, sino como parte de un enfoque más amplio de desarrollo rural sustentable. A través de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), el país ha impulsado una Estrategia Nacional REDD+ que busca integrar producción, conservación y gobernanza territorial.

La apuesta es ambiciosa, sí. Se trata de demostrar que el campo y el bosque no son adversarios inevitables. Que es posible producir alimentos y fortalecer economías rurales sin expandir la frontera agrícola y, al mismo tiempo, contribuir a frenar el cambio climático. No se trata únicamente de proteger árboles, sino de rediseñar el modelo productivo.
REDD+: conservar carbono es actuar por el clima
REDD+ es un mecanismo internacional de mitigación del cambio climático creado en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Sus siglas significan Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación forestal, más (+) la conservación, el manejo sostenible de los bosques y el incremento de las reservas forestales de carbono.
El enfoque detrás de REDD+ es claro. Los bosques almacenan grandes cantidades de carbono en su biomasa y en el suelo. Cuando se degradan o talan, ese carbono regresa a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.
Bajo la CMNUCC, este mecanismo permite que los países en desarrollo establezcan niveles de referencia de emisiones forestales, midan y reporten reducciones verificables y accedan a incentivos financieros basados en sus resultados. REDD+ convierte la conservación forestal en una acción climática medible, reportable y potencialmente financiable a nivel internacional.
México se sumó al mecanismo REDD+ desde 2008. Ese año inició un proceso progresivo de preparación técnica e institucional que culminó con la formalización de su estrategia nacional en 2017, coordinada por la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR).

Para ello, en el país se desarrolló el Sistema de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV), apoyado en inventarios forestales nacionales y el Sistema Satelital de Monitoreo Forestal. Estas herramientas permiten estimar emisiones de gases de afecto invernadero asociadas al sector forestal. Así, la política forestal se conecta directamente con los compromisos climáticos internacionales.
Un enfoque territorial
A diferencia de enfoques estrictamente conservacionistas, la Estrategia Nacional REDD+ (ENAREDD+) parte de un principio territorial. La deforestación suele estar ligada a dinámicas productivas, especialmente agricultura y ganadería extensiva. Por ello, la solución no puede limitarse a prohibiciones, sino que también requiere transformar prácticas.
El enfoque mexicano busca integrar acciones de desarrollo rural sustentable para mejorar la productividad en tierras ya intervenidas, promover sistemas agroforestales y restaurar paisajes degradados. Entre estas acciones están:
- Reconversión productiva en zonas agropecuarias degradadas para evitar expansión hacia bosque.
- Manejo silvopastoril (integración de árboles en potreros) para aumentar la productividad ganadera sin desmontar nuevas áreas.
- Mejoramiento de prácticas agrícolas mediante eluso eficiente del suelo, la reducción de quema, el manejo de fertilidad.
- Promoción de sistemas agroforestales con café y cacao bajo sombra, milpa intercalada con árboles maderables o frutales.
- Integración de especies nativas en sistemas productivos.
- Restauración de paisajes degradados reforestando con especies nativas, restaurando cuencas prioritarias, mediante manejo comunitario sostenible.
La meta es reducir la presión sobre los bosques sin comprometer la seguridad alimentaria. Y en este sentido, REDD+ no solo es una política climática, sino también una estrategia de ordenamiento del territorio. Al fortalecer la producción sostenible en el campo, se disminuye la necesidad de desmontar nuevas áreas forestales, creando un equilibrio entre alimento, economía y conservación.
Gobernanza forestal en manos locales
En México, una parte significativa de los bosques pertenece a ejidos y comunidades, lo que convierte a sus propietarios sociales en actores centrales de la política forestal. La estrategia REDD+ incorpora participación, fortalecimiento de capacidades y distribución de beneficios; partiendo de la premisa de que la conservación solo es viable si es socialmente justa.
El modelo mexicano, al vincular derechos territoriales y acción climática, apuesta por una gobernanza forestal que combine conocimiento local, apoyo técnico e incentivos económicos. La mitigación del cambio climático se vuelve, así, un esfuerzo compartido.
Más allá del árbol: clima, suelo y alimento
Desde la formalización de la ENAREDD+ en 2017, México ha fortalecido sus sistemas de monitoreo y reportado reducciones en la tasa de deforestación. Sin embargo, la pérdida de cobertura forestal continúa en magnitudes significativas, lo que indica avances parciales y pero retos estructurales persistentes asociados al cambio de uso de suelo y la expansión ganadera.
Cuando un bosque se conserva, no solo se retiene carbono. También se protege el suelo y la biodiversidad, se regula el ciclo del agua y se modera el clima local. Estos servicios ecosistémicos sostienen también, de manera indirecta, la producción agrícola.
Asegurar alimento a largo plazo depende de mantener paisajes funcionales. Suelos fértiles, disponibilidad de agua y estabilidad climática son condiciones que los bosques ayudan a preservar. La estrategia REDD+ reconoce esta interdependencia y la incorpora en su lógica territorial. Porque no son un lujo ambiental, sino parte de la infraestructura natural que sostiene la vida.
Referencias de la noticia
REDD+ en México. 27 de febreo de 2017. Comisión Nacional Forestal.
REDD+ Web Platform. 2026. Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).