Viaja en el tiempo en Chihuahua, descubre Paquimé la mítica joya prehispánica Patrimonio de la Humanidad UNESCO
Localizada a poco más de tres horas hacia el noroeste desde la capital chihuahuense, esta mítica región se caracterizó por ser centro clave de comercio y peculiares construcciones de especiales formas.

Esta importante zona arqueológica instalada en el Noroeste del país se encuentra localizada en el municipio de Casas Grandes, Chihuahua. Ahí vivieron más de tres mil personas y convergieron diversas tradiciones culturales, como las del Desierto, Occidente y del Centro de nuestro país, generando una particular cultura.
El manejo de sus recursos naturales, su sistema religioso, sus formas de organización social, sus manifestaciones artísticas, sus estrategias de supervivencia y los vestigios de su arquitectura han significado un símbolo de inspiración nuestra cultura contemporánea.
Se trata de Paquimé, catalogado como un bien cultural que fue inscrito en el año de 1998 en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Para llegar a esta zona arqueológica saliendo desde la ciudad de Chihuahua, hay que tomar la carretera 45 que conduce a la capital con la fronteriza Ciudad Juárez.
A la altura del kilómetro 100, se deberá tomar la desviación hacia Flores Magón, pasando por el municipio de Buenaventura y de ahí hacia los municipios de Galeana y Nuevo Casas Grandes, para posteriormente llegar al “viejo” Casas Grandes o simplemente Casas Grandes.
Los Pueblos del Desierto
Fue aproximadamente hacia el año 900 de nuestra era, que los denominados “pueblos del desierto” se asentaron en los valles de Casas Grandes, fundando un centro ceremonial que posteriormente se transformaría en un punto de encuentro en las rutas comerciales entre América del Norte y Mesoamérica.

El diseño de sus casas era semienterrado con techos de ramas y recubiertas de adobe (una mezcla de tierra y agua que al endurecerse formaban una especie de barro); material térmico que protegía las viviendas. Además, poseían la particularidad de que las puertas de sus propiedades tenían forma de “T”.
Más de Cuatro Mil Casas
Este especial diseño, además de que era de baja altura, les permitía tomar ventaja sobre sus oponentes para que en caso de que se introdujeran en una casa sin permiso, pudieran tener la oportunidad de someterlos al intentar cruzarlas.
Con el pasar del tiempo, fueron más de cuatro mil las viviendas que conformaban la metrópoli: Las Casas Grandes llegaron a tener hasta cuatro pisos de altura. Su éxito tuvo relación con el uso y aprovechamiento del agua y al mismo tiempo con la forma de retener el suelo mediante la construcción de terrazas y trincheras.
El sistema hidráulico fue fundamental en su complejo residencial
En Paquimé el sistema hidráulico residencial fue una de sus instalaciones más importantes: compuesto de aljibes, canales, lagunas de oxidación de desechos y drenajes que atravesaban las viviendas por sus pasillos y muros para asegurar el manejo integral del agua en la ciudad.
El pueblo de Casas grandes se extendió por toda la región: alcanzando hacia el Este las dunas de Samalayuca y la región de Ahumada; al Sur la región de la Babícora; al Oeste los acantilados de la Sierra Madre Occidental y al Norte con las regiones de Ascensión, Janos y Carretas.
Cerca de 24 toneladas de materiales arqueológicos
El territorio fue un importante centro de comercialización. De acuerdo a los registros, en el tiempo en que se estudió la región se encontraron hasta 24 toneladas de materiales arqueológicos diversos, entre los que se ubicaron: pieles, granos, textiles, instrumentos de trabajo, guacamayas, restos óseos, ofrendas, entre otros.

El juego de pelota que se practicaba en la zona era un símbolo de la fertilidad, además de la guacamaya y la serpiente. El simbolismo que encierra la zona tiene que ver con la vida, la fecundidad, el florecimiento y la muerte. A Paquimé se le conoce como el Centro Ceremonial de la Cultura Casas Grandes.
Masivo arquitectónico de uso habitacional hecho de barro y Museo de las Culturas del Norte
Al visitar esta importante zona arqueológica se pueden observar los muros expuestos a la intemperie, de un masivo arquitectónico hecho de barro y utilizando moldes de madera que ascendían en forma de hileras, que posteriormente se cubrían con vigas y tierra apisonada.
A la técnica mediante la cual se llevaba a cabo la conservación de las construcciones se les conoció bajo el nombre de “aplanados de sacrificio” que permitía proteger los diversos materiales. En un costado de estos vestigios se encuentra el Museo de las Culturas del Norte, complejo que resguarda una de las más impresionantes y bellas colecciones arqueológicas del Norte de México.