De basura a jardín vertical casero: la tendencia verde que está conquistando los hogares de CDMX
En CDMX, donde el espacio es mínimo, los jardines verticales con materiales reciclados están transformando residuos en muros vivos, combinando sostenibilidad, estética y producción verde dentro de la ciudad.

Vivir en la Ciudad de México implica adaptarse a espacios reducidos, balcones pequeños y azoteas compartidas. Sin embargo, también ha despertado una creatividad urbana muy interesante, donde cada rincón se convierte en una oportunidad para sembrar, decorar y reconectar con lo natural.
Esta tendencia nació por la necesidad de reconectar con la naturaleza en espacios reducidos. Inicialmente, muchas familias usaban botellas, tarimas y envases por ahorro, pero pronto descubrieron que podían cultivar alimentos y plantas medicinales sin ocupar mayor espacio.
Hoy existe una mayor conciencia sobre la cantidad de residuos que generamos y el impacto que tienen en rellenos sanitarios. Convertir basura en infraestructura verde doméstica permite reducir desechos y, al mismo tiempo, mejorar el microclima del hogar, una acción pequeña pero con efecto multiplicador.
También existe un factor emocional importante. El estrés, el ruido y el concreto generan una necesidad de contacto con la naturaleza y cuidar plantas relaja, mejora el estado de ánimo y genera sensación de bienestar. No es casualidad que muchos departamentos pequeños ya tengan su “pared viva”.

Paso a paso: armado del jardín vertical DIY
Aquí es donde el reciclaje toma valor productivo: lo que normalmente tirarías puede convertirse en un huerto vertical. En CDMX ya es común ver jardines hechos con botellas PET, garrafones, latas o huacales. Para montarlo necesitas envases de dos o tres litros, una base de soporte como madera o malla, sustrato ligero y plantas adecuadas.
Antes de instalar, es importante planear todo el proceso. No se trata solo de colgar envases, sino de definir el acomodo, la luz y el manejo de plantas. Cada etapa impacta la salud de las plantas y la durabilidad de la estructura. La planeación previa asegura un sistema más eficiente y estable.
- Diseña la distribución: Antes de cortar o colgar cualquier cosa, acomoda los recipientes sobre el muro para ver cómo se van a distribuir. Observa cuánta luz recibe la pared y en qué horarios, porque la cantidad de sol definirá qué plantas pueden crecer bien ahí.
- Corta los envases: Abre una ventana lateral en cada envase, lo suficientemente grande para meter la planta y el sustrato. El corte debe permitir que la planta respire, pero sin que el sustrato se salga cuando riegues.
- Prepara el sustrato: Usa una mezcla ligera de fibra de coco, composta y perlita. Este tipo de sustrato retiene humedad sin encharcarse y permite que las raíces tengan oxígeno, algo clave en jardines verticales.
- Fija la estructura: Sujeta los envases al muro con tornillos, alambre galvanizado o cinchos resistentes. Asegúrate de que todo soporte el peso cuando esté mojado, porque el agua aumenta mucho la carga.
- Realiza el trasplante: Coloca la planta dentro del envase, acomoda el sustrato sin apretarlo de más y riega a fondo la primera vez. Este riego inicial ayuda a asentar las raíces y eliminar espacios de aire.
Qué plantar, cómo cuidarlo y por qué sí vale la pena hacerlo
No todas las especies se adaptan igual. Las más recomendables son de raíz corta, crecimiento moderado y bajo requerimiento hídrico. Aquí entran aromáticas, medicinales y algunas hortalizas de hoja. La lechuga, espinaca, cilantro, perejil y menta funcionan muy bien.
También plantas ornamentales como pothos, helechos o suculentas. Las especies colgantes ayudan a cubrir visualmente la estructura, dando un efecto más frondoso. Evita cultivos de fruto grande como jitomate indeterminado o calabazas. El peso y la demanda radicular superan la capacidad de un contenedor reciclado.

En cuanto al manejo, el error más común es regar de más. Aunque el drenaje en vertical suele ser rápido, el sustrato puede saturarse si no tiene buena salida de agua. Lo ideal es un riego frecuente y ligero, manteniendo humedad sin encharcar. Muchas personas instalan goteo casero con mangueras recicladas, lo que mejora la eficiencia.
También hay que considerar la nutrición: al haber poco volumen de sustrato, los nutrientes se agotan rápido. Aplicar lixiviados de lombricomposta o tés de composta cada quince días mantiene el vigor vegetal. La fertilización orgánica líquida funciona muy bien en sistemas verticales.
Más allá de lo productivo o decorativo, estos jardines tienen un impacto ambiental real. Reducen residuos plásticos, capturan carbono y fomentan la producción alimentaria doméstica. En la CDMX ya existen iniciativas donde muros grises se transforman en corredores verdes, mejorando paisaje y microclima.
Al final, montar un jardín vertical con materiales reciclados es de esas cosas que empiezan como experimento y terminan cambiándote la dinámica del hogar. No necesitas gran presupuesto ni ser experto, solo ganas y constancia. Y algo que pasa mucho es que arrancas con tres botellas… y cuando te das cuenta ya cubriste media pared.