El geólogo Edoardo Semenza había descubierto un enorme corrimiento de tierra muy antiguo en el Monte Toc, camuflado por erosión y vegetación, había advertido del enorme peligro que se tenia sobre pueblos bajo la presa de Vajont. Su estudio geológico resultó correcto tras la catástrofe del 9 de octubre de 1963, en la que murieron casi dos mil personas.