¡Bosques en retirada! El cambio climático amenaza con extinguir encinos y coníferas en México

Los bosques mexicanos se deterioran por sequías, calor extremo y plagas; encinos y coníferas sufren, afectando suelos, agua, biodiversidad y economías locales, poniendo en riesgo el equilibrio ecológico y productivo.

Dentro de los bosques del territorio mexicano se concentran un tercio de las especies de encino registradas en todo el mundo.
Dentro de los bosques del territorio mexicano se concentran un tercio de las especies de encino registradas en todo el mundo.

Hablar de bosques en México, es hablar de historia natural, cultura rural y equilibrio ambiental. No son solo paisajes bonitos: son refugio de biodiversidad, captadores de agua y reguladores del clima. Durante décadas funcionaron como sistemas estables, pero hoy enfrentan una presión distinta: el cambio climático acelerado por actividades humanas.

En campo, los cambios ya se notan. Los árboles no crecen igual, los suelos retienen menos humedad y los periodos de sequía se alargan más de lo normal. Y dentro de este escenario, hay dos grupos especialmente afectados: los encinos (Quercus spp.), y las coníferas como pinos y oyameles, pilares de los bosques templados mexicanos.

Estas especies dominan millones de hectáreas y sostienen cadenas ecológicas completas. Alimentan fauna, protegen suelos y regulan microclimas. El problema es que su rango climático ideal se está desplazando, y lo hace más rápido de lo que pueden adaptarse o migrar naturalmente.

El clima del planeta siempre ha cambiado, eso es natural, pero la diferencia actual es la velocidad. Desde la Revolución Industrial, las emisiones de gases de efecto invernadero crecieron de forma exponencial, elevando la temperatura global y alterando los ciclos de lluvia en cuestión de décadas.

Las bellotas son el fruto seco de los encinos y pueden tardar hasta 18 meses en madurar.
Las bellotas son el fruto seco de los encinos y pueden tardar hasta 18 meses en madurar.

Un ejemplo claro es el CO₂ atmosférico: pasó de 280 ppm a más de 400 ppm en tiempos recientes. Esto afecta procesos fisiológicos de las plantas y la disponibilidad de agua. Y la deforestación ha eliminado millones de hectáreas forestales, reduciendo la captura de carbono y aumentando la vulnerabilidad climática de los bosques.

Nicho climático: cuando el bosque se queda sin casa

Las plantas no se distribuyen al azar. Cada especie vive donde puede sobrevivir según las condiciones de temperatura, humedad, altitud y tipo de suelo. A este grupo de condiciones se le conoce como nicho ecológico y es básicamente el “rango de confort” donde un árbol puede crecer, reproducirse y sostener poblaciones.

El problema comienza cuando el clima cambia. Ese nicho empieza a moverse geográficamente. Si el árbol no puede migrar al mismo ritmo, entra en estrés. Temperaturas más altas y sequías prolongadas generan estrés fisiológico, reduciendo procesos clave como germinación, crecimiento y producción de semilla.

Algunos encinos tienen la capacidad de rebrotar después de algunos desastres naturales como los incendios forestales.

Los modelos climáticos ya proyectan escenarios preocupantes. De no mitigarse las emisiones, la temperatura global podría aumentar entre 3.7 y 4.8 °C hacia el año 2100, modificando completamente las condiciones donde hoy existen los bosques templados.

Este calentamiento también alterará los patrones de lluvia. Se esperan precipitaciones más intensas, pero más espaciadas, lo que generará déficit hídrico prolongado en muchas regiones forestales. Es decir, menos disponibilidad real de agua para los árboles.

Las raíces de estas especies arbóreas pueden asociarse con hongos micorrízicos que mejoran la absorción de nutrientes.
Las raíces de estas especies arbóreas pueden asociarse con hongos micorrízicos que mejoran la absorción de nutrientes.

En campo, esto ya empieza a reflejarse de forma clara: menor regeneración natural, mayor mortalidad de plántulas y aumento de plagas descortezadoras. Señales silenciosas, pero muy contundentes, de que el bosque está entrando en una zona de estrés climático.

Encinos y coníferas: gigantes en riesgo climático

México es potencia mundial en encinos. Existen 161 especies registradas, más de 90 endémicas, capaces de vivir más de 200 años. Son pilares ecológicos: alimentan fauna con sus bellotas, albergan epífitas e insectos y protegen suelos contra erosión. Incluso tienen usos en medicina tradicional y valor económico en aprovechamiento forestal.

Los modelos de nicho climático muestran reducciones de hábitat. Quercus elliptica podría perder más del 76 % de su distribución, mientras que Quercus viminea reduciría hasta 52 %. El caso más crítico es Quercus greggii, que podría perder más del 85 % de su territorio, acercándose a escenarios de extinción local.

Aunque el enfoque está en encinos, el efecto alcanza a las coníferas. Pinos y oyameles comparten condiciones climáticas similares, por lo que también verán contracciones de hábitat de entre 14 y 20 % hacia 2050, afectando captación de agua, producción maderable y refugio de fauna de altura.

La agronomía forestal, ya plantea acciones para la adaptación: reforestación con especies tolerantes al clima, bancos de germoplasma, corredores biológicos y manejo de densidad para reducir estrés hídrico. Además, tienen cierta plasticidad genética, lo que abre una ventana para seleccionar individuos más resistentes a sequía.