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Baja actividad ciclónica en el Atlántico

La cantidad de ciclones tropicales que se han formado en el Atlántico en lo que llevamos de la temporada ha sido muy baja, además de que ninguno ha tenido efectos directos en México, situación que podría mantenerse en próximas semanas. ¿Qué ha causado esta situación?

Imagen del satélite GOES Este, NASA. 23 de julio de 2019
Ausencia ciclones tropicales el Golfo de México, Mar Caribe y Atlántico. Se observa polvo del Sahara saliendo de África.

Fuera de temporada, la tormenta Andrea fue el primer sistema en la cuenca del Atlántico formado el 20 de mayo pasado, 10 días previos al inicio formal el 1 de junio, a más de 500 km al suroeste de Bermuda. Este sistema tuvo la combinación de condiciones atmosféricas tropicales y de latitudes medias (interacción de masas frías y cálidas) catalogándose como “subtropical”.

Durante todo junio y hasta la primera semana de julio la actividad de ciclones fue prácticamente nula en toda la cuenca del Atlántico, pero desde el 7-8 del mismo mes se comenzó a vigilar una baja presión sobre el sureste de Estados Unidos que se movería hacia el Golfo de México donde podría evolucionar. Y así fue, el 11 de julio se formó el segundo sistema con nombre Barry que alcanzó la categoría de huracán justo antes entrar a tierra sobre Louisiana el día 13 presentando un lento movimiento que favoreció constantes y fuertes lluvias con inundaciones en la región sur de Estados Unidos

Este lunes 22 de julio, otro sistema logró desarrollarse a categoría de depresión tropical, muy cerca de las costas de Florida, pero la atmósfera fue desfavorable para su organización, ocasionando que este día el Centro Nacional de Huracanes (NHC por sus siglas en inglés) lo declarara ya disipado, por lo que volvemos a una relativa calma en cuestión de ciclones.

Varios han sido los factores que mantienen menos cantidad de sistemas y llama la atención que desde el año pasado, los ciclones se han formado en zonas del Atlántico Norte o muy cercano a costas de Estados Unidos, obedeciendo a que las aguas en dichas porciones se han mantenido más elevadas, contrastando con el Caribe y Atlántico Tropical donde el viento fuerte y aguas más frías impiden su aparición o al menos, intensificación.

¿Qué factores atmosféricos mantienen la baja actividad ciclónica?

El principal indicador para el pronóstico climático (meses) es el fenómeno del ENSO en su fase positiva, El Niño, el cual dependiendo su intensidad, acoplamiento y posición en el Pacífico Ecuatorial altera la circulación de la atmósfera. Durante el primer semestre de este año, los modelos indicaban que El Niño estaría presente durante el verano, otoño e incluso extenderse hasta el invierno, situación que ocasionaría viento fuerte entre el Caribe y Atlántico tropical, inhibiendo la formación de sistemas de tormentas y, por tanto, ciclones.

En este mismo sentido, el hecho de haber viento más fuerte ocasiona un enfriamiento de las aguas superficiales, al generar surgencias (elevación de agua más fría) y que se combina con el paso del polvo del Sahara, disminuyendo la radiación solar y tornando aún más bajas las temperaturas del mar.

Sin embargo, la previsión de El Niño ha cambiado, ahora es probable que se desarrolle una condición Neutra o incluso La Niña para finales del verano y durante el otoño. De cumplirse esta situación, las condiciones se invertirían dando lugar a que la atmósfera se torne favorable para el incremento de depresiones, tormentas tropicales y huracanes en las siguientes semanas. Recuerden que septiembre es estadísticamente, el mes en que se puede dar la mayor actividad de sistemas, tanto en intensidad como en cantidad, por lo que en Meteored estaremos informando oportunamente si se dan cambios relevantes.